Estado de alarma, ¿a plazos?

Declaraciones al diario Expansión, 16 de marzo de 2020

Para evaluar las consecuencias y el coste de la crisis sanitaria, empresas y mercados necesitan que se reduzca la incertidumbre. De lo contrario, se ponen en lo peor.

El problema es que elegimos líderes para ir de fiesta, no para ir a la guerra. De forma irresponsable, han negado  la crisis y siguen aplazando y dosificando las medidas, lo que crea más incertidumbre. En vez de “Sangre, sudor y lágrimas”, goteo de parches en plan “Tarde, mal y  nunca”. Incluso desdoblan medidas como hoy, al declarar el estado de alarma.

Como en toda guerra, además de centralizar decisiones y hacer copartícipe a la oposición, el Gobierno debe adoptar políticas que tropiezan con nuestra proverbial miopía. Por ejemplo, es imperativo salvar la continuidad de las empresas. Regarlas con un dinero público que no tenemos lanzaría la prima de riesgo. Es urgente flexibilizar los despidos temporales para evitar quiebras. Si no, me temo que los despidos sean definitivos.

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