No culpe a los políticos: sólo hacen lo que les pedimos

Entrevista por Luis Amiguet en La Vanguardia, 2 de diciembre de 2015, p. 72.

¿Para qué pregunta mis años? ¿Para comprarlos? Catalán nacido en Asturias. Somos ‘católicos’: indulgentes con el pecador político corrupto e implacables con los herejes de la tribu. Aquí no se pueden ganar elecciones sin mentir y no se puede gobernar después sin incumplir las promesas electorales

En qué falla este país?

¿No pregunta si fallamos los ciudadanos? Usted, como tantos, culpa a partidos y políticos, “que no están a nuestro servicio, sino al de una élite extractiva…”

¿Acaso no hay un capitalismo de amiguetes en el palco del Bernabeu o del Barça?

Como todo populista, usted exculpa de errores al noble y sufrido pueblo catalán o español…

Hombre, también hay políticos honrados.

Pero ¿por qué nos mienten? ¡Porque queremos que nos mientan! Y porque aquí no se pueden ganar elecciones diciéndonos la verdad ni gobernar sin faltar después a las promesas electorales. Muchos gobernantes te confían en privado: “Sí, tú estás diciendo la verdad, pero si la digo yo, no volvemos a ganar unas elecciones”.

¿De verdad nos considera tan inmaduros?

No es que nuestra democracia falle al convertir en gobierno nuestras preferencias; lo que fallan son nuestras preferencias, porque no nos informamos. La culpa no es sólo de ellos: es nuestra.

¿En el resto de la UE se informan mejor?

Encuestas en mano, somos los europeos más críticos con nuestros políticos, pero también los que menos nos molestamos en informarnos para votar. Los partidos ya hacen lo que les pedimos, el problema es que somos demasiado vagos y preferimos ir cambiando de políticos a propiciar un debate público de calidad tras enterarnos bien de cómo se toman las decisiones y se gasta nuestro dinero en los presupuestos.

¿Votamos a la pobre luz de las tertulias?

Tenemos poca opinión formada. El defecto de nuestra democracia no está en los mecanismos de toma de decisiones, sino en nuestras decisiones: ¿sabe quién se queja más de impuestos?

¿Hay alguien que no se queje?

Los más críticos en las encuestas son los agricultores… ¡Precisamente los más subvencionados! ¿Por qué? Porque se pagan los autónomos y ese seguro de jubilación lo perciben erróneamente como un impuesto que otros no pagan.

En esta contra vamos a hacer amigos…

Los políticos deberían ponernos límites, como los padres a sus hijos; en cambio, al final son ellos los que acomodan su programa a nuestra inmadurez. Después nosotros, como niños, nos quejamos de que nos han dado lo que pedimos.

…¿Dónde está nuestro mayor error?

Nos falta conciencia del coste de lo público. Resultaría pedagógico cobrar la mensualidad real bruta y días después ingresar la Seguridad Social y el IRPF: así empezaríamos a concienciarnos de cuánto pagamos y a cambio de qué.

La verdad es que yo aún no lo sé.

Necesitamos formación e información sobre el coste de cada servicio público y de dónde sale el dinero y de quién y por qué y adónde va…

¿Qué pasaría si nos informáramos mejor?

Eso sí sería una revolución de largo recorrido con un coste mínimo. Sería mucho más regeneradora que proclamar repúblicas. Estoy convencido de que, tras informarse bien, muchos electores que votan izquierdas acabarían votando derechas… Y viceversa.

Por ejemplo.

El AVE es ruinoso para todos y Ciudadanos empezó denunciándolo, pero le costó tantos votos de quienes lo quieren pese a todo, que ahora se deja de razones contables y apela a las emociones y a lo simpático que es Rivera.

Otro ejemplo.

Muchas medidas parecen deseables, pero si nos informáramos a fondo veríamos que tienen efectos indeseables: si prohíbes los desahucios, ¿quién se arriesgará a alquilarte un piso? Y si sobreproteges al trabajador, ¿quién lo contratará? Dos no contratan si uno no quiere.

Es más fácil emocionarse que pensar.

En el fondo, seguimos siendo católicos.

¿Qué tiene que ver?

Los países católicos entienden lo público no como lo de todos, sino como lo de nadie. Lo nuestro es la familia, el clan, la tribu. Somos los más críticos con las instituciones, pero los que menos hacemos por entenderlas y controlarlas.

Cambiar eso es más difícil que votar.

Por eso acabamos votando con las emociones, como en el fútbol: animas al equipo de tu pueblo y votas a tu partido. Una democracia madura, en cambio, decide como en la comunidad de vecinos: por números y por razones, y no por si el presidente es de aquí o no; o rojo o azul…

¿Deberíamos entender así lo público?

No mejoraremos cambiando caras o partidos, sino mirando el presupuesto público como el de tu casa y votando a quien mejor los gestione.

Está pidiéndonos mucho esfuerzo… ¡Ay!

¡Con lo buenos que son nuestros valores para lo individual! Mire a Nadal o a Iniesta: cuando tenemos incentivos y reglas claras, somos campeones; y mire nuestras familias: sin ellas el paro sería una tragedia. Y lo es, pero sin hambre.

¿Y no habrá un político como Iniesta?

La magia fácil de los populismos de izquierdas y derechas es que basta con cambiar de caras o crear partidos o incluso montarse un Estado propio. Pero ¿por qué los políticos corruptos con la autonomía van a dejar de serlo con Estado propio? ¿Por qué va a ser mejor un político que otro si tú votas sólo al que lleva el AVE a tu pueblo, aunque sea una ruina para todos?

¡Mi pueblo no me lo toque!

Pues lo que nos conviene a todos es justo lo contrario: hemos de tocar todos los pueblos. Debemos rebajar los privilegios que disfrutan sólo unos, porque, también sin saberlo, pagamos todo tipo de pueblos, todo tipo de tribus y todo tipo de palcos y gallineros.

La culpa es nuestra

Me siento hereje junto a Arruñada que demuestra que la tierra es redonda y que, si votas sin molestarte en saber quién gana, paga y gasta en este país, acabas pidiendo la luna y los políticos prometiéndotela. Porque es más fácil votar con el corazón de tu tribu que con el esfuerzo de tu razón. Nuestros valores católicos nos hacen los europeos más críticos con el político, pero también los que menos se esfuerzan en controlar su gestión. Decidimos el voto por intuición y creemos que con cambiar caras, partidos o incluso Estado mejoraremos la parroquia. Arruñada estudia que para regenerar el reino no hace falta proclamar repúblicas, basta con que nos esforcemos en saber sus cuentas y votemos en consecuencia.

4 pensamientos en “No culpe a los políticos: sólo hacen lo que les pedimos

  1. El problema creo Benito y a raiz de su intervencion en la radio en el programa el buho, es que en España sufrimos una cosa llamada Estado paternalista, algo que ya venia incluso antes de la dictadura Franquista. El problema es que las cosas han cambiado pero nuestra mentalidad es la defensa de ese estado paternalista (erroneamente entendido como estado del bienestar) provoca esas situaciones que has mencionado en la radio; nunca nos involucramos en los asuntos públicos, ni en su gestión y control, ese ejemplo lo he vivido que soy joven en la universidad; los estudiantes no demandan mas calidad ni mejor servicios sino un gobernante o politico que les solucione los problemas con “magia politica”.

    Considero que su medida de aumentar la informacion (en el pago de impuesto) no ayudara mucho de hecho puede que no sirva de nada a cambiar esa concepcion estatista aunque reconozco que es un buen comienzo; considero que las medidas que deberiamos tomar seria aquellas que en el que el individuo o colectivo sufra directamente los costes beneficios de lo que quiere. Un ejemplo seria el AVE, si quiere que pase por su pueblo, este pueblo debera pagar una tasa por tener el AVE. Aunque dudo mucho que esto se ponga en marcha ya que el electorado solo quiere “magia politica” y el politico es lo que quiere asi no se pierden votos. Saludos

  2. La verdad es que no le falta razón, pero una pregunta Benito, si somos tan diferentes de los nórdicos, ¿qué instituciones deberíamos tener que se amolden a nosotros? ¿Cuáles son nuestros valores como “católicos ” que nos hacen buenos o malos o diferentes con respecto al norte y que habría que hacer para que nuestra sociedad y las instituciones funcionaran bien pero de acuerdo a esos valores? Saludos.

    • Excelentes preguntas. Las instituciones formales quizá sean menos importantes de lo que pensamos, al menos a corto plazo y relativamente a las preferencias de los ciudadanos. ¿Acaso reaccionamos de forma diferente a las crisis de 1957 y 2007? Pues las instituciones sí eran bien diferentes. Me conformaría con que las preferencias estuvieran basadas en mejor información. Y no se trata tanto de educarnos (tenemos incentivos para la educación profesional pero no para la educación cívica) sino de que la información sobre lo público circule automáticamente: transparencia fiscal, sobre todo. Desarrollé aquí alguna de estas ideas.