La economía es un sistema mucho más complejo que un cohete espacial o un ser vivo

Segunda parte de la entrevista realizada por Abel Fernández y publicada en Sintetia el 26-9-2012. (Leer aquí la primera parte).

:: Empieza a estar “de moda” la dación en pago como mecanismo para compensar las deudas hipotecarias. Has investigado mucho este tema, haznos un brevísimo resumen.

Para los préstamos hipotecarios ya existentes, la dación en pago obligatoria sería injusta. ¿Por qué van a subvencionar los acreedores y, en el caso de las cajas en quiebra, los contribuyentes y deudores prudentes a los deudores imprudentes, el ciudadano que no jugó a la lotería de la burbuja inmobiliaria al que sí lo hizo? Sería también temerario, por atentar contra el Estado de Derecho y hacerlo en un momento en el que aumentaría las dudas que ya suscitan la solvencia de nuestras finanzas públicas y la solidez de nuestras instituciones.

:: ¿Afectaría a los préstamos futuros?

Para los préstamos futuros sería un grave error, pues en España, como en casi todo el mundo desarrollado, acreedores y deudores prefieren contratar sin limitación de responsabilidad, por lo que debemos entender que les resulta beneficioso, máxime cuando existe considerable competencia entre acreedores. Sobre todo porque de ese ejercicio de libertad contractual no se derivan daños a terceros que pudieran justificar una prohibición. Todo lo contrario, la limitación de responsabilidad sí generaría cuantiosos daños sistémicos, como pone de relieve la evidencia de los estados de Estados Unidos donde las leyes fuerzan a las partes a limitar la responsabilidad del deudor.

En general, las soluciones a estos y otros muchos problemas contractuales que han aparecido con la crisis deben respetar el Estado de Derecho, lo que exige hacer cumplir los contratos a menos que el juez verifique que se han producido fallos en la voluntad de las partes.

Para el caso concreto de las hipotecas, he defendido en un trabajo reciente la necesidad de facilitar la negociación privada y voluntaria de la dación en pago, lo que puede hacerse sin más que eliminar la notable desventaja fiscal que padece respecto a la ejecución hipotecaria.

:: ¿Cuáles son los tres mayores mitos en materia económica que la ciudadanía comparte?

Buena pregunta. De entrada, debo decir que no creo que los mitos económicos afecten sólo a la ciudadanía. La mayoría de intelectuales e incluso muchos economistas los suscriben, al menos en la práctica.

El mito esencial es el de la solucionabilidad: pensar que el problema económico es más fácil de resolver que los problemas que han resuelto las ciencias físicas o la medicina. Este mito está detrás del idealismo socializante, tanto del revolucionario como del socialdemócrata. Para los economistas es una bendición porque les sitúa en posición de suplantar al mercado. Por ejemplo, si hay parados puede parecer sencillo darles trabajo. Más sencillo que poner un hombre en la luna. Pero la economía es un sistema mucho más complejo que un cohete espacial o un ser vivo. La información necesaria para coordinar la economía de un país es ingente y no está dada, sino que hay que producirla y agregarla. La antigua Unión Soviética llegó a emplear 18 millones de funcionarios en tareas de planificación, y ya sabemos lo poco que consiguió: no sólo en cuanto a la pobreza sino a la desigualdad.

El mercado es el agente planificador por excelencia. Tiene fallos, pero mucho menores que los de la intervención intencional e inevitablemente política de la economía. Es un mecanismo imperfecto, y debemos ayudarle con buenas instituciones, como jueces independientes y leyes dispositivas sensatas. Pero el mito o la pretensión de la solucionabilidad nos lleva a empeorar su funcionamiento. Por ejemplo, para evitar el daño que supone el cierre de un banco o una empresa, los rescatamos, con lo que distorsionamos gravemente la competencia; y todo para, a menudo, lograr tan solo posponer lo inevitable. A veces, durante más de un siglo, como sucede con el carbón asturiano, que ha llevado a esa región al callejón sin salida en el que hoy se encuentra.

Un segundo mito es el de la falsa justicia. Consiste en olvidar los efectos sistémicos en términos tanto de ineficiencia como incluso de injusticia de las decisiones redistributivas. Lo padecen, a menudo, las decisiones judiciales o legislativas que derogan lo establecido libremente por las partes en los contratos.

Quienes así deciden lo hacen movidos por la compasión. Pretenden proteger a una parte débil o desafortunada; pero la consecuencia es que perjudican a todas las partes futuras con esas mismas características. Por ejemplo, una ley reciente ha elevado la renta mínima no embargable, lo que favorece a los actuales deudores hipotecarios con pocos ingresos, pero perjudica a todos los trabajadores con pocos ingresos, ya que ahora van a tener mucho más difícil contratar hipotecas.

Se han producido efectos similares en el mercado de alquiler de vivienda: la sobreprotección de los inquilinos ha generado que se alquile menos, que el alquiler sea más alto, que se exijan más avales, y que el sector sea artesanal, menos moderno, que el que existía hace cien años.

O en el mercado de trabajo: las leyes franquistas, apenas modificadas por el Estatuto de los Trabajadores más que en materia de libertad sindical, dieron muchos derechos adicionales a los trabajadores. Seguramente, eso benefició a los que tenían empleo fijo en aquel momento, pero perjudicó a los que en esas nuevas condiciones no encontraron quién les contratara, lo mismo que aún sucede en la actualidad.

La lógica de estos casos es siempre la misma. El decisor tranquiliza su conciencia por la vía de redistribuir riqueza entre las partes que han suscrito los contratos vigentes, pero condena a los débiles que en el futuro no podrán contratar.

Para beneficiar a los insiders que tienen contrato se perjudica a los outsiders que no lo tienen ni podrán tenerlo más que, en el mejor de los casos, a precios mucho peores.

Un tercer mito, muy de moda, es el de la conspirabilidad, por el que se tiende a creer que la causa de una pérdida es la actuación malévola de otros individuos que se benefician de la situación a costa de los perdedores. Era el caso de los judíos en el pasado, como lo es hoy de los “especuladores” y financieros anglosajones respecto a la deuda pública o la prima de riesgo; o, incluso, a juicio de algunos, de nuestros vecinos alemanes respecto al euro.

Este tercer mito también genera consecuencias indeseables. Por ejemplo, afecta a la actividad de quienes llevan la contraria al criterio optimista de los demás y por ello invierten su dinero en sentido contrario, obteniendo un beneficio cuando se concretan sus temores, pero sólo si esta concreción efectivamente se llega a producir. Ese beneficio lleva a los observadores —sobre todo si han perdido dinero— a creer que esos inversores a la contra han sido la causa de la crisis. Confunden así causa y consecuencia y, a veces, acaban matando al mensajero.

Damos así en llamar despectivamente “especulador” al que invierte en sentido pesimista, generalmente contrario al optimista, cuando en verdad ambos tipos de inversores son igual de especuladores y nadie compra sin que alguien le venda. Es más, ese inversor a la contra sirve una función social muy útil, pues cuanto antes aparezca antes se pinchan las burbujas. Pero tiende a aparecer tarde porque es muy arriesgado ir en contra del rebaño y no pocas veces solemos matar o, al menos, expropiar al mensajero.

:: Ya lo has mencionado, pero ¿puedes ampliar tu punto de vista sobre la regulación laboral en España?

La regulación laboral es un buen ejemplo de cómo la sobreprotección destruye lo que pretende proteger: favorece a los que tienen contrato e impiden contratar a los que no lo tienen. Olvida que dos no contratan si uno no quiere. Hasta los sindicatos lo saben perfectamente, como demuestra la discrepancia entre sus opiniones y sus actos: cuando sólo opinan de boquilla se oponen a liberalizar las relaciones laborales, pero cuando lo hacen con la cartera se comportan como cualquier otro empresario: procuran contratar temporales, y no fijos; y recurren a los EREs como cualquier otro empleador.

¿Crees necesario un cambio completo de paradigma, como por ejemplo el modelo austríaco?

No conozco en detalle el modelo austriaco, pero en general desconfío de injertos y trasplantes. La solución reside en liberalizar de verdad una legislación laboral que, en esencia, sigue siendo la franquista, como te decía. Nuestro problema en este terreno es muy simple, y la solución conocida por todos, como bien demuestran las conductas, que no las declaraciones, de los sindicatos.

Merece comentario aparte esto de los trasplantes. Hace poco, uno de nuestros mejores economistas parecía confiar en “cambios normativos que homogeneizasen la estructura económica de la Eurozona”. No es tan fácil. Nuestros problemas no se resuelven copiando las relaciones laborales austriacas, la formación profesional alemana o las escuelas finlandesas. Hemos de desarrollar soluciones adaptadas a nuestras características, en especial, a nuestros recursos, nuestros valores y, en el caso concreto de las leyes, a nuestra escasa capacidad de enforcement legal.

Mi intuición en ese punto es que nuestra capacidad para hacer funcionar modelos que son viables en la Europa del Norte es más bien limitada: somos más individualistas y debemos adoptar instituciones que lo tengan en cuenta. Debemos dotarnos de incentivos más individualizados. Las soluciones han de ser seguramente más liberales que las de Europa del Norte; y hoy lo son mucho menos.

:: ¿Cuál sería la agenda ideal para volver a una senda de crecimiento? ¿Hay soluciones a corto plazo?

Debemos armarnos de paciencia. Las reformas llevarán muchos años para articularse, y aún más para dar fruto. A corto plazo, es precisa una devaluación interna acompañada por reducciones drásticas del gasto público y de los impuestos sobre el trabajo, tal que reduzca nuestros costes, nos anime a consumir e importar menos, y nos permita exportar más. Por desgracia, hasta ahora sólo se ha hecho lo más fácil: subir el IRPF y el IVA, pero no se han reducido sustancialmente ni el gasto ni las cuotas a la Seguridad Social.

:: ¿Qué necesita España para crear un ecosistema empresarial atractivo?

La empresa sólo necesita dos elementos aparentemente tan simples como son libertad e igualdad. La libertad pasa por devolver poder a los individuos para que puedan contratar como desean: convertir reglas imperativas en reglas dispositivas, reglas que ahorren costes de transacción pero que no bloqueen la innovación organizativa.

La igualdad comporta un marco fiscal razonable: tipos más bajos pero pagados por todos, hacer posible que el más eficiente reciba su premio, lo que requiere una fiscalidad razonable y tolerar el castigo de los gorrones y la desaparición de las empresas menos eficientes.

Por desgracia, quienes controlan las administraciones públicas insisten en complicar el terreno de juego empresarial: no sólo dictan miles de reglas que impiden la búsqueda de formas óptimas de organización, sino que generan desigualdad.

:: ¿Cuál es el origen de esa desigualdad?

Primero gravan y luego subvencionan selectivamente, en función de las modas y el peso político de los diversos sectores. Con ello, generan empleo público y gastan dinero doblemente. Pero, aparte de aumentar su poder, que es su verdadero objetivo, sólo consiguen distorsionar la ventaja comparativa. Es importante darse cuenta que esta ventaja sólo la conocen los empresarios. Sólo ellos tienen los incentivos necesarios para descubrirla. Menos que nadie, la conoce quienes administran el sector público. A éstos, nunca se les hubiera ocurrido buscar la ventaja de Zara en Galicia, pese a que Zara es, con mucho, la mejor empresa que ha producido este país.

:: ¿Tiene Zara el reconocimiento que se merece?

Hace poco tiempo le entregaron a su fundador la Cruz del Mérito Civil. Me parece una condecoración raquítica para quien posiblemente más ha contribuido al bienestar del país. Sobre todo cuando se observa que el Collar del Mérito Civil, una condecoración de mayor rango, se ha concedido a personajes como los señores Fraga, Roca o Solbes, cuya contribución pública es, cuando menos, discutible. Me temo que nuestra sociedad sigue regateando el mérito de empresarios modélicos y alabando a políticos mediocres. La señal que enviamos a los jóvenes no podía ser peor. Luego querrán corregirlo con leyes y burocracias para favorecer la “emprendeduría”. No debemos olvidar la importancia de aprender a reconocer el éxito, a dar las gracias.

:: ¿Es absurdo que personas que pueden desarrollar aquí su trabajo hayan de emigrar a Alemania para hacerlo?

No es absurdo que emigren nuestros jóvenes, pues valen más allí que aquí. Además, es una situación que viene de lejos. La emigración era y es la consecuencia lógica de una regulación laboral disparatada. Sucedía en los años 50 y 60 del pasado siglo, y sigue sucediendo ahora. Los años de la entrada en la Unión European y más aún los de la burbuja fueron sólo un paréntesis anómalo. Y es aun más lógico que emigren los jóvenes mejor preparados. A igual coste, siempre viajan más lejos los recursos más valiosos. Además, hemos gastado demasiado en formación universitaria y demasiado poco en formación básica. Valen más en el extranjero.

:: Y para finalizar te pedimos que completes algunas frases:

1.- Mi mayor fracaso… Cierta preferencia por analizar problemas irresolubles.

2.- Lo que aprendí tras ese fracaso…El valor de la rutina

3.- El éxito para mí… Gestionar esa rutina.

4.- Un autor de referencia que siempre me acompaña…No sabría elegir entre Coase y Hayek

5.- Para organizarme bien y ser productivo hago…No lo soy, en absoluto.

6.- Mi propósito en la vida…Satisfacer mi curiosidad.

7.- Me preocupa…Que España siga la senda de Argentina. Es probable que ese fuera nuestro destino si saliéramos del Euro.

8.- Un blog…Creo que “Nada es gratis” ha hecho un gran servicio al país.

9.- Una iniciativa que me ha sorprendido en España…Sobre todo, Zara. También Mercadona y los jóvenes campeones, como Rafa Nadal y compañía. Todos ellos nos han demostrado que en un régimen de libertad y competencia reglada, como es el del deporte, los españoles podemos estar entre los mejores.

10.- Un lugar para recuperar mi paz interior…La Vega de Liordes. Como hay que sufrir para llegar, no creo que por mencionarla corra peligro de causar aglomeraciones.

[Desde Sintetia estamos inmensamente agradecidos a Benito Arruñada, por su magnífica disposición, capacidad de comunicar y no dejar nada en el tintero… nos encantaría hablar horas y horas con él, porque es un puro combustible intelectual; nuestro agradecimiento público]

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