Cómo racionalizar la Administración Pública

El 30 de mayo de 2012 comparecí ante la Comisión de Economía, Finanzas y Presupuestos del Parlamento de Cataluña. He aquí los vídeos de la sesión:

  • Mi intervención inicial (16 mins. 4 s.), criticando los recortes generalizados y defendiendo una reforma más radical de la Administración, centrada en (1) efectuar recortes selectivos llegando en su caso al cierre de centros y organismos; y (2) modificar los incentivos de proveedores y usuarios. Asimismo, critiqué (3) las propuestas que, con el pretexto de “empresarializar” lo público sólo consiguen evitar los controles que establece el Derecho Administrativo. Defendí también la necesidad de (4) restaurar la eficacia del núcleo de funciones centrales del estado de derecho (como es, por ejemplo, la justicia), compensando el que en las últimas décadas estas funciones hayan quedado relativamente desatendidas, a medida que la Administración extendía el alcance de sus actividades. Es preciso adoptar una estrategia de vuelta a lo básico y esencial.
  • Mis respuestas a las preguntas de los grupos parlamentarios (10 mins. 40 s.), que se centraron en: (5) señalar que debemos ver la eficiencia productiva como una condición necesaria de las políticas públicas, cualquiera que sea la orientación distributiva de éstas; (6) concretar la propuesta de cierres con ejemplos sacados de la propia Proposición de ley (e.g., ¿debe la Generalitat fusionar meramente sus circuitos de coches y motos, como figura en la Proposición, o debe, más bien, prescindir de ambos?); y (7) criticar el uso del llamado “estado de bienestar” como excusa para no satisfacer necesidades urgentes de beneficencia.
  • Todos los videos de la sesión (54 mins. 5 s.).

Algunos materiales de referencia:

4 pensamientos en “Cómo racionalizar la Administración Pública

  1. Me ha impactado la claridad de sus planteamientos… pero después, dándole una pensada, creo que ha perdido el tiempo. Ud ha hablado desde el sentido común, desde la posición de la clase media, de quien madruga, trabaja, sabe lo que cuesta ganar el dinero… Pero lo dicho: ud hablaba a políticos y lo que ud considera lógico es totalmente irrelevante para ellos. Es decir, poniendo el ejemplo de la financiación de infraestructuras ruinosas, le diré que en mi provincia se dedican, al borde de la quiebra, a hacer un macropabellón de baloncesto y a darle al equipo subvenciones millonarias. No tiene lógica económica… pero sí desde el punto de vista del político: el receptor de dichas subvenciones se dedica a emplear en las oficinas del club a hijos de políticos… Igualmente seguro que detrás de Montmeló, etc. se esconde el interés de autoconcederse prebendas a cuenta de los contribuyentes.

    Lo dicho, mucho sentido común… pero seguro que lo que decía les entraba por un oído y les salía por otro.

    • Quizá tenga razón, hoy; pero el que los políticos sean impermeables depende de que les sigamos votando. Una consecuencia positiva de la crisis podría ser un mayor grado de conciencia cívica acerca de que el dinero público es de todos. Si sucediera sí, los votantes seguiríamos votando a nuestros partidos favoritos, pero sólo si cumplen unos ciertos mínimos de sensatez y honestidad en la recaudación y gasto. Desde este punto de vista, es importante que las políticas contra la crisis hagan más transparente el coste de lo público. Pienso que la “educación” cívica más eficaz sería conseguir que a cada ciudadano le doliese el gasto público como le duele el gasto de su comunidad de vecinos.

  2. Le felicito por la contundencia con la que ha mostrado a nuestros representantes lo absurdo de algunas de sus decisiones. Lo de “¿es que se está gastando un solo céntimo de impuestos en este tipo de estructura?” es sobresaliente.

    Además, en muy poco tiempo ha dado muchos elementos para reflexionar y para replantearse ideas previas. Esperemos que los que tienen capacidad de decisión lo hagan, aunque no soy optimista.

    Finalmente me ha parecido excesiva su confianza en el aumento de eficiencia que supondría la provisión privada de servicios públicos. Cierto es que al final ha planteado que en las universidades se podrían cambiar las reglas del juego, eliminar incentivos incorrectos, que mejorarían sus resultados y su eficiencia, manteniendo la gestión pública. Tenemos múltiples ejemplos de gestión privada, por ejemplo en sanidad, cuyos resultados desconocemos. Leeré el artículo “Gestión de la competencia en el sector público”.

    Un saludo

    • Gracias por sus palabras. Por supuesto que no hay varitas mágicas, y los resultados de la provisión privada dependen de cómo se gestione. Mi valoración es una orientación general que es preciso concretar caso por caso. Un asunto que estamos estudiando ahora mismo, precisamente, es el de cómo están organizadas aquellas fórmulas híbridas que han demostrado ser suficientemente sólidas para sobrevivir dentro de nuestra administración pública. A menudo, se basan en incentivos muy fuertes (por ejemplo, tasas, y remuneración residual junto con responsabilidad personal del funcionario) pero centrados en unas pocas dimensiones (libre elección de proveedor, organización de la oficina), mientras que las demás dimensiones permanencen detalladamente reguladas (sobre todo, los efectos jurídicos del servicio).