¿Qué tienen en común nuestros campeones?

Publicado en Nada es Gratis, 6 de junio de 2011.

Sorprende que España esté generando tantos campeones deportivos. ¿Qué tienen en común individuos como Alonso, Gasol y Nadal?

  • Todos ellos se dedican a una actividad muy competitiva pero bien regulada, con normas claras y estables. Pueden invertir años para aprender a jugar en la confianza de que las reglas permanecerán, y que serán aplicadas con independencia y rigor. Saben que si lo hacen bien podrán competir en igualdad de condiciones, y que, respetando las reglas, cada uno pueden innovar en libertad.
  • Sus incentivos son fuertes, pues cobran por rendimiento. Ganan mucho pero sólo si lo hacen bien, y sólo después de haber invertido años, de esforzarse día a día y de arriesgarse a fracasar. Saben también que nadie va a rescatarles si fracasan.
  • No sufrieron barreras a la entrada. Su decisión de competir no se vio frenada por la negativa de un concejal o un consejero a concederles una licencia de apertura, o por el poder de un gremio para capturar a los políticos regionales. Tampoco por el origen social, la nacionalidad o ningún otro privilegio por el estilo.
  • Pudieron formarse en libertad. Desde niños, invirtieron en su aprendizaje mucho dinero, gran parte de su tiempo y todo su esfuerzo. Pero a lo largo de sus carreras han elegido libremente a sus entrenadores en mercados competitivos. Su formación no ha estado condicionada por planes, conciertos y reformas educativas al servicio de intereses creados e ideologías caducas.
  • Su vocación fue global. No se anduvieron con provincianismos y desde el primer día estuvieron dispuestos a trasladarse para aprender y competir.
  • Por último, siempre han sido los primeros en culparse de sus fallos, sin recurrir a las excusas al uso, en las que la culpa de los propios fracasos es siempre de los demás o del “sistema”. El contraste no puede ser mayor con los “indignados”, que, si se caracterizan por algo, es por su incapacidad para asumir responsabilidades.

En suma, competencia regulada, incentivos fuertes, libertad de entrada, educación libre y responsabilidad individual, unas condiciones ausentes e incluso mal vistas en muchos ámbitos de la sociedad española. Pero indispensables para dejar de ser ese país mediocre cuyos ciudadanos sólo son campeones cuando, en el fondo, las reglas de juego las establecen otros.

Comentarios.

Muchas gracias por unos comentarios tan interesantes como clarificadores. Aunque quizá pierden algo de vista el asunto primordial: la anomalía que supone la desproporción de nuestros éxitos en el ámbito deportivo respecto a otros ámbitos, una desproporción indicativa de diferencias que ilustran, a mi juicio, en qué fallamos y cuál es nuestro potencial.

En cuanto a estas diferencias, cierto que son discutibles, pero percibo en los comentarios algunos desenfoques recurrentes. El más claro, el relativo a las barreras a la entrada, que deberíamos distinguir de los costes de entrada, pues su naturaleza y consecuencias son diferentes. Similar al que alguno plantea entre el acuerdo libre de restricciones contractuales y la imposición externa de reglas imperativas. Quizá menos claro, pero más decisivo, es el subjetivismo latente en la dificultad para apreciar que algunas “pelotitas” tal vez produzcan más utilidad que ciertas labores intelectuales o artísticas. Comparto, en cambio, la sospecha de que dedicamos excesivos recursos a actividades deportivas. La pregunta es por qué. Echo de menos a este respecto alguna explicación alternativa. Por último, sólo indicar que unos indignados responsables hubieran mostrado respeto por las leyes y, en concreto, mayor preocupación por el daño que causan a muchos otros ciudadanos.

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