El dilema de España: reformarse o salir del euro

BENITO ARRUÑADA: El Dilema Actual de España Es una Gran Reforma o la Salida del Euro” (Estrategia: El diario de negocios de Chile, 25 de mayo de 2011)

En entrevista con ESTRATEGIA, el catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, sostuvo que el riesgo que corre la nación ibérica es que los acreedores acaben imponiendo un desenlace similar o más traumático que el que vive Grecia hoy.

—¿Qué nuevo contexto social y económico plantea para España el triunfo del Partido Popular en las recientes elecciones, junto al posterior llamado a adelantar las presidenciales?

—El triunfo era previsible dadas las circunstancias. Por lo pronto, ha confirmado que las próximas elecciones generales es probable que lleven a un cambio de Gobierno. Pero no han despejado otras incertidumbres políticas, como con qué grado de apoyo –electoral y popular– se contaría para aquéllo. La petición de convocar elecciones por parte de la oposición no es probable que lleve al actual Gobierno a convocarlas, al menos a corto plazo. Por un lado, el Partido Socialista ha de elegir candidato, y eso lleva tiempo, sobre todo si decide mantener la fórmula de elegirlo mediante elecciones primarias. Por otro, algunos sectores económicos preferirían que la actual administración realizase las reformas a que se ha comprometido.

—¿Cuáles son los principales desafíos que el país enfrenta en materia económica y qué perspectivas existen para éstos?

—España tiene potencial para ser un país europeo de primera línea. En el pasado, cada vez que liberalizamos la economía (plan de estabilización de 1958, reconversión financiera e industrial de los años 1970-80, privatizaciones de los 1990), nos hemos acercado rápidamente a los países europeos más desarrollados. Pero, hoy como ayer, el país se muestra incapaz de reformarse, de modo que pueda explotar sus ventajas comparativas. Es un mal que viene de muy lejos, sólo que ahora se ha complicado con la Unión Monetaria Europea. La pertenencia al euro nos impide aplicar el falso remedio que habíamos adoptado en el pasado: devaluar la moneda. No era un remedio, porque lastraba nuestro crecimiento, pero nos proporcionaba un ajuste automático.

—¿Qué alternativas de salida existen?

—El dilema actual es claro: o nos reformamos, lo que en 10 o 15 años nos integraría definitivamente en la primera división europea; o nos salimos del euro. La elección es obvia, pero se produce una paradoja. Con toda seguridad, reformarnos es la opción mejor, por doble motivo: es la menos costosa a corto plazo y es también la más rentable de cara al futuro. Salir del euro es muy costoso y está plagado de riesgos de toda índole: por ejemplo, el país sufriría un peligroso bajón de autoestima. Sin embargo, por otro lado, algunas reformas necesarias casi ni se mencionan, y otras se posponen una eternidad y, cuando se hacen, se hacen a medias. Tratar la salida o expulsión del euro como un tabú innombrable quizá sea un escapismo para evitarlas. El riesgo obvio es que lleguemos tarde, y que ese eufemismo llamado mercados –en realidad, nuestros acreedores– acaben imponiendo un desenlace similar o más traumático que el que vive Grecia hoy.

—¿Cuál es su mirada de la crisis en Grecia y qué diferencias ve con España?

—Grecia es un caso exagerado de la conducta del avestruz, que acabo de describir. Necesita reformas más profundas de las que sus ciudadanos se muestran dispuestos a aceptar. Sus números son peores que los de España, pero también cuenta con una ventaja importante: su menor tamaño ha hecho posible un rescate que, malo o bueno, no es seguro que, por su cuantía, esté disponible para España.

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