Reforma laboral como imperativo ético

English translation

España cuenta con la regulación laboral más restrictiva de los países desarrollados. Como consecuencia, padece también la mayor tasa de paro.

El ordenancismo que pesa sobre las relaciones laborales tiene su origen en leyes franquistas. ¿Por qué sigue vivo 34 años después de morir el dictador?

Alguien podrá pensar que la regulación laboral es errónea pero bien intencionada. No lo creo. No es probable que el Estado, en su afán de proteger a los trabajadores, olvide que dos no contratan si uno no quiere. El problema no reside en la miopía paternalista del Estado, sino en la desigualdad con que trata a sus hijos.

En España, conviven dos clases de trabajadores. Por un lado, la élite que disfruta las “colocaciones” del sector público y grandes empresas. Por otro, los trabajadores temporales, en gran medida jóvenes, mujeres e inmigrantes, así como los autónomos marginales.

Esta dualidad se manifiesta en todos los rincones de nuestro mercado de trabajo. Principalmente, en el acceso a empleos estables a largo plazo.

Más que nunca necesitamos esos empleos estables, en los que los trabajadores puedan adquirir experiencia y acumular conocimientos. Pero la estabilidad está reservada para la élite laboral. El actual contrato fijo no favorece las relaciones a largo plazo porque el empresario ha de seguir pagando al trabajador, sea cual sea la productividad y actitud de éste.

Lógicamente, el empresario se protege. Para empezar, evita el empleo a largo plazo, sustituyendo trabajo por capital y trabajo a largo por trabajo a corto. Cuando no le queda otro remedio que contratar a largo plazo, elige a quienes le merecen confianza, los que garantizan ser productivos incluso dentro de un contrato que les permite abusar. Acaba así contratando a aquéllos que aportan señales creíbles de su futura actitud cooperativa. Señales que, dado el calamitoso estado de nuestra educación, están solo al alcance de los más ricos y mejor conectados.

Se critica a los empresarios por no contratar trabajadores. Pero no es casual que pocos españoles quieran ser empresarios, y menos aun empleadores. Esta crisis vocacional se constata incluso en las facultades de Administración de Empresas de regiones que un día presumieron de espíritu empresarial. No es solo que esté mal visto ser empresario: en una sociedad que adora el dinero, si los jóvenes no quieren ser empresarios cabe interpretar que no debe ser muy rentable.

Los contratos temporales son también un instrumento para la desigualdad; pero no por ser temporales, sino por ser improrrogables. Esta restricción impide que sirvan para instrumentar relaciones a largo plazo sin riesgo de oportunismo. Se reservan así las relaciones a largo para la élite laboral que sí es capaz de aportar las señales adecuadas.

Por no hablar de la hipocresía adicional que padecen los contratos temporales, cuyos críticos más acerbos son los primeros en usarlos para sus propios empleados, como ha hecho algún sindicato.

Y tampoco están libres de doblez las organizaciones patronales. Dicen ser partidarias de flexibilizar los contratos, pero no lo son tanto de una medida igual de necesaria, como es el liberalizar la negociación de los convenios colectivos. Quizá temen perder buena parte de su razón de ser.

La crisis exacerba el descontento social y acabará haciendo que estas desigualdades sean insoportables. La mitad privilegiada del país no puede seguir viviendo a costa de la otra mitad. Si quiere mantener su nivel de vida, habrá de esforzarse por merecerlo. Es hora de que la soberanía popular elimine privilegios, y restaure los olvidados valores de la justicia y la igualdad de oportunidades. La reforma laboral es un primer paso imprescindible para lograr la sociedad más justa, abierta e igualitaria a la que todos aspiramos.

Artículo publicado en Cinco Días (16 de julio de 2009, p. 15).  

10 pensamientos en “Reforma laboral como imperativo ético

  1. Negociación, desempleo y… controladores

    Rafael López, Secretario de comunicación de USCA (Unión Sindical de Controladores Aéreos), escribe en Cinco Días:

    He leído con atención el artículo firmado por Benito Arruñada publicado el 1 de abril en Cinco Días. Nos dedica a los controladores, unas líneas que, viniendo de un profesor de la prestigiosa Universidad, no dejan de sorprender por el manido recurso a los mitos y rumores y no a la investigación, como era de esperar en una firma de tanto prestigio.

    Dice en su propuesta que nos sustituyan por máquinas, que “las cifras de AENA son rotundas”. Nos encantaría conocer a ambas si usted nos las presenta: a las máquinas capaces de sustituirnos y a las cifras. Y muy probablemente también a otros colectivos interesados en saber cómo se ha gestionado en los últimos años esta empresa pública que ha descubierto, de repente parece ser, que la excelencia empresarial se consigue destruyendo puestos de trabajo y evitando cualquier atisbo de negociación colectiva.

    Dice que “cada controlador le cuesta una media de 375.000 euros al año”. Le confieso que, como ingeniero, lo de las medias no me gusta. No me parece lógico, por ejemplo, decir que un puente puede resistir el paso de vehículos con una media de… ponga usted la cifra. Sin embargo, me parece lógico preguntar, y me extraña que usted no lo haya hecho, por la rentabilidad de los aeropuertos en España donde, según las cifras oficiales de la propia AENA, solo los quince primeros de los 48 que se relacionan, gestionan el 90% del tráfico de pasajeros. Poca productividad se puede aportar desde el personal de esos aeropuertos, sean o no controladores, cuando el problema es que no hay aviones. Pero esto lleva a la incómoda pregunta del motivo de las cuantiosas inversiones en infraestructuras, no ya poco rentables, sino infrautilizadas por la escasa demanda: entonces, ¿por qué se han hecho y con qué criterio?

    Pero abundo en la reflexión sobre la famosa media. ¿No le parece extraño que la propia empresa no investigara a aquellas personas que la han desequilibrado, gracias a su desmesurado afán por hacer horas extraordinarias o, lo que es peor, no le parece extraño que no investigue a los responsables de haber propiciado semejante despropósito? Aún hoy estamos esperando la intervención de la Inspección de Trabajo o de la Agencia de Seguridad Aérea. Eso sí es extraño, ¿no le parece?

    Naturalmente escribe también de nuestra propensión a las “huelgas de celo”, “encubiertas” según el presidente de AENA. ¿Por qué nadie, en el ejercicio de su responsabilidad, ha actuado ante tanta supuesta evidencia? Desde luego no tiene obligación de conocerlo pero le diré que, según los datos de Eurocontrol, organización encargada de elaborar los informes de productividad europeos en el mundo del control aéreo, España no se distingue por las demoras.

    Por citarle un ejemplo reciente, hace unos días pusieron las estadísticas del pasado año en la página web y España tiene, en porcentaje, casi la mitad de demoras que Alemania y no es precisamente nuestro mejor año. Estamos, según los años, en una media bastante normal y no destacan precisamente por datos escandalosos como sería lógico si es que nos diéramos a eso que se llama huelga de celo o encubierta.

    En fin, no quería dejar la pasar la oportunidad de ejercer como alumno ante un catedrático y, mucho menos, que el silencio diera carta de verosimilitud a sus comentarios, algunos de los cuales no merecen ni tan sólo una pregunta.

    Artículo publicado en Cinco Días el 6 de abril de 2010

  2. Otro controlador

    Estimado Sr Arruñada,

    Me dirijo a Ud tras leer el artículo publicado en 5 días el pasado 1 de Abril de 2010. Debido a mi discrepancia en varios aspectos que plantea me gustaría que pudiera escuchar mi opinión sobre este tema.

    El colectivo de Control Aéreo esta siendo deslegitimizado desde el desconocimiento. Es sencillo lanzar acusaciones sobre unos trabajadores bien pagados en uns situación de crisis como la actual.

    Bien como podrá deducir a estas alturas quien le habla es controlador aereo. A parte de mi profesión, que amo, soy licenciado en Ciéncias Quimicas por la UAB y dentro de mi carrera profesional figura la de Product Manager de una empresa como BASF a los 24 años de edad. El acceso a la profesión de controlador aéreo consta de varias etapas y no se aleja de un proceso similar al universitario. Exige una oposición para acceder a una Beca que concede AENA y posteriormente una formación que oscila entre los 18 y 26 meses en las instalaciones de SENASA en Madrid. Como podrá entender dicho curso es muy especializado y los profesionales que salen de allí solo han empezado a formarse como controladores aéreos. Una vez pasada la formación inicial se accede a un puesto (torre de control o centro de control) y una vez allí se tiene que superar un curso de preparación para el entorno en que se realiza el control en dicha dependencia (habilitación local). Ese proceso hasta la fecha duraba entre 6 y 12 meses dependiendo de la complejidad de la dependencia. Por que le explico todo esto. Bien en el entorno actual, AENA la empresa prestataria de servicios aeronáuticos, pretende reducir todos estos periodos de formación a la mínima. Aún mas desde hace mas de un año no nos proporciona cursos de formación continua, que como intuirá en nuestra profesión es esencial para poder realizar nuestro trabajo con la máxima seguridad (nuevos procedimientos operativos que entran en vigor sin por ejemplo un simulador radar o una explicación teórica sobre ellos). Como Catedrático que es Ud. sabrá que un buen profesional tiene que estar bien formado.

    Supongo que Ud es usuario del transporte aéreo. Bien debería también conocer que hoy en día un controlador esta obligado, si digo bien obligado, a realizar una jornada de trabajo anual de 550 horas mas que la que venía realizando hasta la fecha, Ud me dirá que los datos que el Ministro Blanco proporcionó en su momento decian que los controladores aéreos ya hacían como horas extraordinarias esas 550 horas. Bien yo posiblemente si las realizaba ya que soy una persona joven y que aún me siento capacitado para ello, pero tengo compañeros que por distintas razones no lo hacían ya que no se veían capacitados para ello, ya sea por temas familiares o distintas situaciones. Este trabajo implica estar en tensión, en mucha tensión. Yo trabajo en Aproximación Barcelona, en el sector final muchas veces tienes 15 aviones en frecuencia, tienen que entrar uno detras de otro de 3 millas en 3 millas, sin error alguno. Aviones que vienen de todos los lados los tienes que orientar para hacer una “pescadilla” y que entren uno detras de otro sin perder separación, aviones que vuelan a distintas velocidades. Hay periódos de mucho tráfico y esto hace que la tension, estrés y concentración que se tiene que realizar sea altísima. Los periódos de descansos como puede entender son necesarios. Bien estos han sdo reducidos. En mi dependencia para ponerle un caso práctico trabajabamos 3 personas por sector en horario diurno. Un ejecutivo (habla con los aviones y da autorizaciones) un planificador (ordena conflictos pone warnings en las fichas de progresión de vuelo) y la tercera persona descansa. Bien después del decreto ley impuesto por el gobierno se reduce el descanso diurno al 25%. Ud. podrá decir que no es tanto, pero lo que eso implica si lo es ya que ahora no podemos estar 3 personas en un sector por turno, sino que estamos 8 personas para 3 sectores. Eso tiene un implicación muy grande en la seguridad ya que un controlador no se puede focalizar como antes en su sector de trabajo sino que tiene que rotar por varios sectores donde los procedimientos operativos y escalas con las que se trabaja son distintas. Esto tambien lleva a que se realicen mas relevos y en sectores distintos. El relevo es el punto crítico y donde se han dado mas incidentes accidentes en control aéreo.

    Bien con todo esto lo que quiero hacerle ver es que cuando hablamos de seguridad estamos hablando en serio. Hoy en día un controlador aéreo no siente que su empresa (AENA) este proporcionando las mejores condiciones para evitar incidentes o accidentes.

    Volviendo un poco al tema de su artículo. Hablaba de los sueldos de los controladores aéreos. Bien los sueldos publicados por el Ministro de Fomento son del año 2008. En ese año se realizaron muchas horas extras ya que AENA prefería pagarlas a no realizar un proceso de selección para formar nuevos controladores aéreos. Yo recuerdo ser perseguido por el pasillo, llamado a casa para persuadirme a realizar horas extras en mis días de descanso. Eso como puede entender hizo que los ingresos se multiplicaran pero realizando el trabajo de 2 controladores aéreos. Los ingresos medios de un controlador europeo se situan en 200.000 euros y la media de horas 1200 al año. El ministro no dice la verdad cuando dice que ganamos mas que un controlador europeo. Nosotros para llegar a los 340.000 eur de media realizabamos en 2008 hasta 2000 horas. Ya hartos de esta situación veníamos reclamando a la empresa que seleccionara a nuevos controladores ya que esta situación era insostenible.

    Bien creo que puede juzgar por si mismo como quien hizo las cosas mal fue AENA.

    Me gustaría también adjuntarle un video de youtube donde el tan benerado presidente Obama defiende a sus controladores. Eso es lo que yo espero de un gobierno que defienda a sus trabajadores. A gente preparada y no intente poner a informadores AFIS (no son máquinas) en aeropuertos con vuelos comerciales (esta totalmente no recomendado por EUROCONTROL).

    Bien se que se quedan muchas cosas en el tintero y si ha llegado hasta aqui le brindo la oportunidad de realizar una visita a nuestros centros de trabajo para poder conocer mucho mejor la profesión y los profesionales que la realizan. Seria un orgullo para mi poder mostrarle que trabajo por la sociedad realizamos y hacerle llegar el toque humano que existe en esta profesión muchas veces tan dilapidada por la sociedad.

    Atentamente,

    ….

  3. La opinión de un controlador

    Soy un controlador aéreo civil que acabo de leer con estupor el artículo del diario 5 dias titulado “Negociación salarial, desempleo y ‘self service'”.

    Desconozco cual es tu grado de formación aeronáutica. Leyendo el artículo me puedo llegar a imaginar como has llegado a determinadas conclusiones basadas en la desinformación.

    Puedo compartir o no la idea general de tu artículo, como cualquier ciudadano. Además de la formación económica que me ha dado la vida, te diré que soy licenciado en económicas. A pesar de ello, jamas me atrevería a hacer un análisis económico serio de la situación socio-laboral del país. Y menos publicarla en un periodico de la tirada del 5 días. Si me viera obligado a hacerlo, lo primero sería verificar la información de que dispongo. Descartando la que pudiera estar viciada. Y este es el proceso que tú has dejado de realizar. Ocupa mucho tiempo verificar la información de que se dispone. Pero, si no se verifica, corres peligro de ponerte al nivel de los tertulianos de la prensa rosa y eso es lo que ha pasado en tu artículo, desde mi punto de vista, por un ejemplo mal utilizado.

    Entrando en materia, te diré que:

    1) “AENA a sustituir controladores aéreos por máquinas”. AENA no va a sustituir controladores por máquinas. http://www.aprocta.es/front-page. Aqui veras la explicación de lo que es el AFIS.

    2) “Cada controlador cuesta 375.000 euros”. Eso es lo que ha filtrado el ministro Blanco en el ámbito de una negociación colectiva para distorsionar la opinión pública. En el B.O.E. puedes ver nuestro convenio http://www.boe.es/boe/dias/1999/03/18/pdfs/A11028-11080.pdf y en él, página 48 veras los cuadros retributivos con sus importes brutos.

    Estos sueldos varian según la dependencia en la que se presta el servicio, y los controladores que se van a sustituir por el servicio AFIS son precisamente los que menos cobran. (Algún dia te cuento quien está detrás de la empresa que tienen preparada para prestar ese servicio).

    La jornada laboral anual de un controlador es de 1200 horas Se estaba negociando un incremento de esta jornada ordinaria a alrededor de 1460. El número actual de controladores ronda los 2400. Debido a la falta de incorporación de nuevos controladores durante los últimos años (la última convocatoria de AENA es de 2006, cuando se venían realizando casi anualmente convocatorias de 150 plazas), junto con las jubilaciones e incremento del tráfico aéreo han hecho que los controladores, por necesidad de AENA, trabajemos jornadas extraordinarias voluntarias que en muchos casos superan el 35% de la jornada anual. Estas jornadas extraordinarias se pagan muy por encima de la jornada ordinaria y son las culpables del alto coste por controlador. Como eres economista dejo esto a tu interpretación. Solo te diré que si hubiera alrededor de 500 controladores más en la actualidad y se acordara el aumento a 1450 horas ordinarias, AENA se ahorraría anualmente en costes de personal más de 300M euros, dejando de pagar un gran volumen de horas extras. En lugar de esto, el gobierno, ha optado por vulnerar un convenio colectivo de manera inconstitucional (lo comprobaremos el día 15 de abril en la Audiencia Nacional) para cubrirse la espaldas mientras duran los años de juicios, y a escondidas iniciar la privatización del control aéreo, cuestión que se tenía entendida como de soberania nacional hasta ahora. http://www.miguelpavon.com/?p=1310.

    3)” Lógico que sea rentable instalar controladores mecánicos en pequeños aeropuertos. Lo raro es que no busque cómo sustituirlos en los demás.”

    Eso desde el punto de vista de seguridad aérea es una barbaridad. Hay un dicho en el sector aeronautico: “Si crees que la seguridad es cara, prueba con los accidentes”. ¿Te planteas la rentabilidad estrictamente en términos económicos de la educación, medicina, cuerpos de seguridad y demás servicios públicos? En mi opinión lo que hay que hacer es optimizar esos recursos y dotarlos adecuadamente.Y ¿quien debe hacer eso?. ¿Los trabajadores o AENA? Como leo posteriormente parece que en parte esa es tambien tu idea.

    4) “Las máquinas no sólo son más baratas: no necesitan apartamentos de descanso, ni hacen huelgas de celo.Y menos aún se empeñan en que se contrate a sus parientes.”

    Sobre esta frase, decirte que no venía al caso. Si la lees relajadamente tal vez puedas entender el motivo por el que la Asociación Profesional de Controladores se está planteando una querella por difamación. Los apartamentos de descanso son los que libremente cada persona se haya comprado, porque no sé a que te refieres.¿Tal vez a los cutre-dormitorios que tenemos para descansar durante los turnos de noche?
    Sobre las huelgas de celo, te remito a sentencia de la última huelga de la que se nos acusó: http://www.miguelpavon.com/?p=1088, u otros casos que nos encontramos a diario, con compañías aéreas que para eludir sus propias responsablilidades echan la culpa de las demoras a los controladores: http://www.miguelpavon.com/?p=1298.
    En algún link de los de arriba veras la explicación de que solo un 9% del personal controlador son familiares. Entre ellos se incluyen los que se han conocido en el trabajo y se han casado. En fin, no voy a comentar más sobre esto. A tu criterio dejo la rectificación.

    5) “En vez de sustituir controladores por máquinas, AENA debería aumentar su número, pero contratando controladores militares.”

    ¡BINGO! Has dado con parte de la solución. Hacen falta controladores. Solo que los propios controladores militares han reconocido que su trabajo y el nuestro solo se parecen en el nombre de la profesión. Es como si plantearamos sustituir a profesores y catedráticos en las universidades por alguien que tiene un titulo de cuidador en una guardería o viceversa, con todos mis respetos a ambas profesiones dentro del ambito de la educación. http://www.miguelpavon.com/?p=547.

    Además te dejo un link, para que veas lo que sucedió en Francia cuando se aplicó la brillante idea de poner controladores militares: http://www.miguelpavon.com/?p=285, http://www.miguelpavon.com/?p=278. Y te dejo más, para que veas para lo que sirven los controladores militares: http://www.aviaciondigitalglobal.com/noticia.asp?NotId=12578&NotDesignId=4. Es decir, según la empresa de selección de personal, no sirven ni para prestar el servicio AFIS.

    6) “La diferencia entre ambos salarios es sólo la renta de los controladores civiles: su retribución en exceso de lo que valen sus servicios. Esa renta es injusta: los civiles ganan 16 veces más.”

    No voy a entrar en más cuestiones de productividad, pero no son comparables ambas profesiones. La actividad de los controladores civiles produce beneficios económicos para su empresa (AENA) en forma de tasas de navegación aerea que se cobran a los pasajeros que viajan, al igual que el sueldo del piloto de cualquier compañía aerea. Lo único que sucede es que dichas tasas se han incrementado últimamente de manera notoria para hacer frente a las deudas generadas por proyectos faraónicos de aeropuertos de AENA, que ahora se van a vender. (A ver a quién y a qué precio) También se achaca a nuestros sueldos la mala gestión de las tasas, alegando que son las más altas de europa (http://www.consumer.es/web/es/viajes/2001/10/02/45143.php, http://www.cincodias.com/articulo/empresas/AENA-sube-tasas-aeroportuarias/20031009cdscdiemp_25/cdsemp/).

    Los controladores civiles separamos aviones para que no se produzcan accidentes y organizamos el tráfico para que las demoras sean mínimas dentro de unos limites de seguridad. Lo que sucede es que para salvaguardar la seguridad, a veces la única solución es la demora de un despegue o aterrizaje. Recuerda que los aviones no se pueden parar en el aire. Ese trabajo es muy distinto al de un controlador militar cuya función es dirigir un tráfico hacia un objetivo para su ataque.

    Por otro lado, respeto tu opinión de que nuestra retribución excede de lo que valen nuestros servicios, pero no lo comparto totalmente. Actualmente hay un factor distorsionador del precio de los servicios, como te explicaba antes, que son las horas extras. Como te expliqué antes, por una mala gestión de Recursos Humanos de AENA se está pagando un sobrecoste en horas extras cercano a los 300M de euros. ¿Eso es una gestión correcta de AENA? Esas horas de trabajo son necesarias para atender a la demanda de tráfico aéreo y las tiene que hacer alguien. El problema es quien.

    Por otro lado, no tengo criterio para saber si lo que perciben los controladores militares es justo o no.

    Creo que el análisis de la segunada mitad del articulo no viene al caso, sobre todo por mi desconocimiento y falta de información sobre el tema.

    Espero poderte aclarar cualquier duda más que te surja al respecto y te recomendaría que te acercaras a algún centro de control para ver como trabajamos….

    Un saludo, ….  Instructor/Supervisor ACC …..  Controlador desde hace 15 años.

  4. La opinion de una controladora aérea

    Me escribe (1 de abril de 2010, 4:57 horas) una controladora aérea un mensaje crítico revelador de la situación española, por muchos motivos que, creo, no hace falta comentar:

    Muy buenas madrugadas,

    “Las cifras de AENA son rotundas. Cada controlador le cuesta un promedio de 375.000 euros anuales. Lógico que sea rentable instalar controladores mecánicos en pequeños aeropuertos. Lo raro es que no busque cómo sustituirlos en los demás. Las máquinas no sólo son más baratas: no necesitan apartamentos de descanso, ni hacen huelgas de celo. Y menos aún se empeñan en que se contrate a sus parientes.”

    Llevo más de 180 horas de trabajo este mes de marzo. En Semana Santa haré por 4 turnos de un compañero que se ha partido un brazo. No querría hacerlos porque mi hijo ha venido de la universidad y la cuidadora de mi madre minusválida tendrá los 4 días festivos de descanso, pero no tengo opción. No tendré un solo día libre en 11 consecutivos. Por Real Decreto.

    ¿Para esto es para lo que AENA le ha pedido ayuda a Fomento? ¿para poder someternos a todo tipo de esclavitudes laborales en virtud de la “sostenibilidad” de la Navegación aérea? Pues si no les salen las cuentas, que gasten menos en otras cosas, pero que no ahorren en nuestro descanso, que no es seguro.

    Mi hijo mayor, ingeniero de telecomunicaciones con inglés y alemán y trabajo en SAP se presentó a la última convocatoria… fue eliminado en las entrevistas finales. Igual le había sucedido a mi hermano (ingeniero industrial de la EMT) hace varios años… ¿de dónde saca usted que contratamos a nuestros familiares? No creo que sea usted mala persona, imagino que repite lo que ha leído, pero usted sabe bien que no debe hacerse eso.

    Me gustaría que aceptara que comete una incorrección al comparar “lo que le costamos” a AENA (que no nuestro sueldo) con el salario de un controlador militar. En nuestro caso está hablando de “masa salarial bruta”, mientras que en el caso de los militares se debe de tratar de salario neto ( incluso así es francamente vergonzoso como salario de controlador).

    Los controladores militares no son seleccionados por AENA, que selecciona los perfiles más idóneos entre 15.000 universitarios (después hay que hacer el curso y la habilitación antes de tener un contrato laboral, unos 3-4 años en total). Los militares entran a control por el simple método de entrar en el ejército, cobrando desde el primer día. Y como usted sabrá sin duda los requisitos para ser militar son cada día menores, pues el ejército no ofrece sueldos competitivos precisamente…. Nada que objetar a su trabajo, por cierto, pero yo si ha oído felicitaciones de los controladores militares a nuestro trabajo (y trabajo con ellos muy a menudo)

    La cifra que usted proporciona no es tampoco correcta, aunque la correcta no ande muy lejos. Observe que “curiosamente” corresponde a 2008, record en cuanto a tráfico, desarrollo de procedimientos, y todo tipo de colaboraciones con la empresa para la apertura de nuevos aeropuertos e instalaciones. Veo en su CV que usted además de ser catedrático escribe libros, artículos, da conferencias… pues supongo que eso también se reflejará en sus rentas anuales ¿verdad? Seguramente 2008 fue también par usted mejor año que cualquiera, antes y después… Pues nosotros SOLO trabajamos para AENA, TODOS nuestros ingresos son públicos y notorios (nunca mejor dicho) y por mucha presión que hayamos podido ejercer… faltan controladores en todo el mundo y en todo el mundo están bien pagados.

    Por último me gustaría que leyera usted en la página de nuestra asociación profesional APROCTA lo que es el servicio AFIS, que no es para nada una máquina, ni es servicio de control… antes de volver a quedar como un ignorante, todo un catedrático como usted con un blog tan “chulito”… y de la Pompeu Fabra, ni más ni menos…

    Un saludo y gracias por su atención.

  5. Negociación salarial, desempleo y ‘self-service’

    Sorprende que en países extranjeros más ricos que el nuestro las gasolineras contraten empleados para repostar los coches, mientras que en España lo hacemos los clientes. El motivo es el mismo que lleva a AENA a sustituir controladores aéreos por máquinas.

    Las cifras de AENA son rotundas. Cada controlador le cuesta un promedio de 375.000 euros anuales. Lógico que sea rentable instalar controladores mecánicos en pequeños aeropuertos. Lo raro es que no busque cómo sustituirlos en los demás. Las máquinas no sólo son más baratas: no necesitan apartamentos de descanso, ni hacen huelgas de celo. Y menos aún se empeñan en que se contrate a sus parientes.

    Sucede, sin embargo, que los controladores militares cobran 23.500 euros al año. En la medida en que sean igual de competentes y productivos que los civiles, el coste relevante desde el punto de vista social son esos 23.500 euros. En vez de sustituir controladores por máquinas, AENA debería aumentar su número, pero contratando controladores militares.

    La diferencia entre ambos salarios es sólo la renta de los controladores civiles: su retribución en exceso de lo que valen sus servicios. Esa renta es injusta: los civiles ganan 16 veces más. Pero no se trata de un mero asunto distributivo, pues se derrochan recursos para capturar esas rentas y, sobre todo, estos inflados salarios distorsionan la toma de decisiones. Incluso una empresa pública como AENA evita contratar personas y prefiere sustituirlas por máquinas.

    Lo más grave es que la inflación salarial, aunque menor, afecta a la mayoría de sectores productivos. Hace pocas semanas, patronal y sindicatos pactaron un alza salarial del 1% para 2010, y ello en un contexto casi deflacionario, para el cual todo tipo de expertos aconsejaba reducciones salariales. Llevan décadas pactando salarios tan altos que hacen rentable sustituir empleados por máquinas, con lo que expulsan del mercado a muchos trabajadores menos cualificados. Lógico que predomine el autoservicio en las gasolineras y que abunden los cajeros automáticos en los bancos.

    Lógico también que el trabajo se concentre en los sectores con menos regulación laboral, como la construcción; en el empleo autónomo, y en la economía sumergida. En todas estas actividades se usan tecnologías intensivas en trabajo. Ello indica que, a precios de mercado, es rentable utilizarlas. Mientras tanto, sin embargo, nuestras perversas instituciones laborales hacen que no sean rentables y se deslocalicen las actividades fabriles.

    No es cierto, además, que sustituir trabajo por capital físico nos acerque a un nuevo modelo económico. Tenemos un 20% de paro y abundan los trabajadores menos cualificados que, según el Inem, cuatro de cada diez parados tienen escasas posibilidades de encontrar empleo.

    Por suerte, este pronóstico del Inem presupone los actuales niveles salariales. La brecha entre productividad y salario puede salvarse aumentando la productividad o reduciendo el salario. Llevamos décadas intentando aumentar la productividad de los parados mediante programas formativos. Incluso hemos creado un tinglado educativo paralelo, que controlan patronal y sindicatos. Lamentablemente, es aún menos eficaz que el sistema educativo general. También subvencionamos la contratación, pero sólo incurrimos en cuantiosos costes administrativos para lograr unos efectos muy modestos.

    Hemos de afrontar la realidad. Nuestras instituciones laborales no pueden seguir expulsando del mercado oficial a los menos productivos, condenándoles a la caridad degradante del subsidio, a la mentira de unos cursos de formación que sólo sirven el interés de quienes los organizan y a unas subvenciones que resultan muy caras para servir sólo como excusa.

    Esos millones de trabajadores tienen el derecho y el deber de trabajar y, si producen por debajo de los salarios que pactan nuestros mal llamados agentes sociales, los representantes de la soberanía popular deben rescatarla y hacer justicia. Compensemos directamente sus bajos ingresos, pero no toleremos que se les expulse de la actividad productiva. Basta ya de consensos pactados a espaldas y en contra de los más humildes.

    Artículo publicado en Cinco Días (1 de abril de 2010, p. 14).

  6. Jubilarnos antes de trabajar

    Los españoles hemos recibido recientemente dos noticias de distinto signo: viviremos más años, pero nos jubilaremos más tarde. Las dos noticias están conectadas, pues necesitamos trabajar más para financiar, entre otros, el gasto sanitario que permita alargar nuestra esperanza de vida.

    Dada esta conexión, convendría percibir que las decisiones sobre ambas también están relacionadas. Pero solemos separarlas. Aspiramos a jubilarnos pronto y vivir muchos años, una doble demanda que es imposible satisfacer para todos. Sin embargo, muchos ciudadanos y no pocos políticos aún no se habían enterado.

    Aunque no sea una posibilidad real en nuestro país, podemos aprender mucho de cómo se tomarían ambas decisiones en el mercado. Cada ciudadano habría de elegir cuándo jubilarse y cuánto gastar en su seguro sanitario. Lo haría de forma similar a quien ahorra en su plan de pensiones y, para lograrlo, ha de destinar menos recursos a otros gastos, incluido el seguro de asistencia sanitaria. Por ejemplo, opta por un seguro de salud más económico, pero que no incluya tecnologías costosas con escasa probabilidad de éxito, y que sí incluya franquicias y copagos que desaniman su propio abuso en el futuro.

    Ciertamente, los hipotéticos compradores de pensiones y seguros sufrirían dificultades para decidir y contratar, pudiendo surgir además daños colaterales de difícil arreglo. No obstante, podemos aprender de esas soluciones de mercado para adaptarlas y mejorar nuestra situación.

    La clave reside en que liguemos las decisiones de coste y beneficio, y en que logremos así repartir ambos de forma más equitativa. Un estado del bienestar viable y menos injusto requiere que el ciudadano contemple costes y beneficios. Que sea consciente de la elección entre calidad de vida y consumos actuales y futuros, y que lo haga teniendo en cuenta que es él mismo, y no los demás, quien ha de pagar por todos ellos.

    Por el contrario, hoy votamos y tomamos buena parte de las decisiones sobre beneficios como si no pagásemos por ellos. Cuando vamos al médico, le pedimos las medicinas más caras, aun cuando nos serviría igual un genérico mucho más barato; del hospital esperamos el mejor servicio y la última tecnología; y nos encanta saber que somos líderes mundiales en trasplantes. Sin embargo, odiamos pagar impuestos, y cuando llega la hora de jubilarnos pretendemos hacerlo mientras seamos jóvenes y estemos en plenas facultades.

    Esta miopía acerca de los costes no es sostenible. Convendría aprender del mercado al menos en los siguientes aspectos:

    1. Con independencia de la cuantía total que decidamos gastar en pensiones, debemos ligar mejor la cuantía de cada pensión a la contribución realizada durante la vida laboral. Es injusto y acabará por volverse contra el sistema el que los últimos años laborales determinen la cuantía de las pensiones individuales, lo que perjudica a los individuos con retribuciones menos crecientes en el tiempo, los menos cualificados.
    2. También debemos compatibilizar el cobro de la pensión con la continuidad de la vida laboral. Se piensa que ello destruiría empleo, pero nada hay más lejos de la realidad: todo trabajo, lejos de eliminar otros empleos, genera demanda y, por tanto, nuevos empleos.
    3. Más en profundidad, para clarificar al ciudadano que es él quien paga los impuestos convendría que los precios se anunciasen sin IVA y que las retenciones por IRPF fuesen tales que la mayoría de las cuotas diferenciales resultasen positivas, como sucedía hace años.
    4. Del mismo modo, debemos suprimir la engañosa distinción, puramente contable y ficticia, entre seguridad social “a cargo de” la empresa y del trabajador, distinción que alimenta en éste la ingenua ilusión de que los servicios sociales le cuestan mucho menos de lo que realmente paga por ellos.
    5. Por último, urge que empecemos a desanimar los gastos y consumos superfluos. Es sabido que nuestros botiquines están llenos de medicinas caras y no consumidas. Pero el problema no es privativo de la sanidad: muchas de nuestras aulas están medio vacías porque los estudiantes universitarios tienen “derecho” a no asistir a clase.

    Si el estado de bienestar tiene algún futuro, debe evitar estas asimetrías e ignorancias. De lo contrario, si seguimos disociando costes y beneficios, corremos el riesgo de acabar jubilándonos tarde y muriendo jóvenes.

    Artículo publicado en Expansión (22 de febrero de 2010, p. 46).

  7. Moralidad del despido

    Nuestro país perdona todo tipo de pecados, pero tolera mal la herejía. Días atrás, la inquisición mediática intentaba quemar en la hoguera del desprestigio a Adolfo Domínguez, por afirmar algo que muchos piensan pero que pocos se atreven a decir en público: que España debería modificar sus leyes para que las condiciones de despido pudieran ser negociadas por las partes del contrato de trabajo — lo que erróneamente se conoce como “despido libre”. Erróneamente, porque en los países en que existe libertad para ello, las partes negocian e incluyen o no en el contrato, según les convenga, que el despido requiera o no a la empresa indemnizar al trabajador, y que el abandono del puesto de trabajo requiera o no al trabajador indemnizar a la empresa.

    En muchos otros países, las partes contratan una gran variedad de fórmulas laborales. Lo hacen con la presencia o no de sindicatos, tanto mediante convenios como con contratos individuales, e incluyendo indemnizaciones tanto explícitas (recurribles entonces judicialmente) como implícitas (basadas en la reputación y la necesidad de mantenerla para seguir contratando trabajadores).

    Emplean unas u otras fórmulas según las condiciones de la actividad. Incluyen más restricciones cuando necesitan garantías a largo para invertir en capital físico o humano cuyo valor esté ligado a la continuidad de la relación. (Lo que se conoce como activos “específicos” desde los estudios de Oliver Williamson, el último Nobel de Economía). Las empresas son la primeras en ofrecer empleos permanentes cuando necesitan una plantilla estable a largo plazo. Los empleos vitalicios japoneses son un paradigma. Pero no hace falta ir tan lejos: el Corte Inglés proporciona a sus empleados permanentes condiciones superiores a las legales.

    Los contratos de trabajo libres incluyen menos restricciones, en cambio, en actividades en las que interesa a ambas partes, trabajadores y patronos, mantener un régimen de terminación a voluntad. El interés de los trabajadores proviene de que desean protegerse contra los errores de selección y la presencia de holgazanes.

    Todo lo contrario de lo que ocurre en España, donde no es raro que un equipo laboral cuente con incompetentes y con uno o varios expertos en escaquearse. Además, muchos trabajadores toleran este oportunismo. Quizá creen que es el patrón, y no ellos mismos, quien paga a los holgazanes. Una excepción notable es la de los pesqueros: cuando algún marinero escurre el bulto, son sus propios compañeros, que van “a la parte”, quienes exigen al patrón que no lo embarque en futuras mareas.

    Cierto que la contratación libre sufre dificultades, sobre todo si no hay competencia, o cuando el poder negociador está desequilibrado. Pero no con carácter general, como presuponen nuestras leyes laborales. Además, para resolver esas dificultades, existen muchas otras soluciones, tanto sindicales (convenios), como jurídicas (como, por ejemplo, reglas dispositivas de indemnización por despido) y judiciales (regulación por el juez de los contratos laborales, de modo similar a los de adhesión). Soluciones flexibles, que presentan problemas relativamente manejables y que no provocan el alto grado de oportunismo que sí originan las reglas imperativas hoy vigentes.

    Reglas éstas que, además, por su extremismo, protegen sólo a la élite laboral menos necesitada de protección: los funcionarios y los trabajadores de grandes empresas. Todo el mundo sabe hoy del chantaje de los controladores aéreos, pero en el fondo no es muy distinto al que practican, por ejemplo, los “colocados” en el sector del automóvil, quienes condicionan la supervivencia de la industria auxiliar a que subvencionemos a los fabricantes, para que éstos no se vayan y sigan pagándoles sus inflados sueldos.

    Dada la penuria en que vive la mitad de los españoles que no disfruta de una colocación en el sector público o en una empresa de este tipo, procede más que nunca denunciar la inconsciente hipocresía de quienes se oponen a una negociación más libre de las condiciones laborales. Inconsciente, porque creen en su superioridad moral. Hipócrita, porque la élite laboral sale ganando doblemente con la actual situación: se libra de competidores y los tiene a su servicio.

    Por ello, mi doble enhorabuena para Adolfo Domínguez. Por ser uno de los pocos empresarios que se atreve a decir en público lo que piensa; y porque acierta en el diagnóstico. Sólo la libertad contractual sensatamente regulada puede lograr la prosperidad y la justicia propias de una sociedad abierta.

    La mala teología prohibió durante siglos el préstamo de dinero con interés. Eso no impedía que parte de la Iglesia se beneficiase de comprar censos, que eran una especie de préstamos indefinidos. Las nuevas ortodoxias se comportan a veces de forma parecida. Al fin y al cabo, cuando actúan como patronos, los sindicatos también evitan los contratos fijos.

    Artículo publicado en Cinco Días (12 de febrero de 2010, p. 14).

  8. Prejubilaciones en las cajas

    Otro ejemplo del doble rasero moral de nuestro mercado de trabajo. Se puede leer en La Vanguardia que:

    La fusión de las cajas de Sabadell, Terrassa y Manlleu comportará el cierre de unas 150 oficinas, es decir, cerca de un 20 por ciento de las que actualmente tienen las tres entidades, y una reducción de la plantilla de unas 350 personas a través de prejubilaciones.

    El director general de Caixa Sabadell, ….

    Ha señalado, no obstante, que se intentará que este reajuste de plantilla se realice a través de prejubilaciones, de forma que la salida de los empleados se lleve a cabo de forma no traumática.

    Realmente, ¿se van a usar los fondos del FROB (en este caso, 350 millones de Euros) para financiar las prejubilaciones de la parte de nuestra élite laboral colocada en las cajas? ¿Para quiénes es y no es “traumática” la “salida” de esos empleados?

  9. La inmoralidad de los contratos temporales

    Esta historia real que cuenta Luis Garicano revela donode reside la auténtica immoralidad de los contratos temporales: en su carácter no prorrogable:

    El tema es dramático y urgente, y tiene, como Benito Arruñada ha argumentado en Cinco Días y en su blog, una dimensión moral. He aquí un ejemplo personal: Mi madre dirige un centro de mayores, y tiene varios porteros y auxiliares. Los hay mejores y peores, algunos ayudan poco, otros mucho, otros pasan de todo desgraciadamente. Hay uno, Miguel, que se deja la piel, trabajando en todo lo que se le pida, teniendo iniciativa, con alegría, con buen juicio, con buenas decisiones etc. Ayuda muchísimo a mi madre, casi como un subdirector del centro. Pues bien, el martes pasado se acababan los dos años, le tenían que hacer fijo en la empresa, y le despidieron para evitarlo. Un tipo serio, trabajador, con 42 años.

    Estas historias son de todos conocidas. Si uno es un trabajador, para qué tomarse el trabajo en serio si no sirve para nada, si nadie lo va a apreciar y al final del contrato se acaba todo de todos modos. ¿Para qué hacer inversiones en capital humano específico? ¿Para qué tratar de echar el resto? Las consecuencias sobre la productividad son obvias.

    (Fuente: La no-reforma laboral).