La confusión de los cachorros

¿Existe una brecha en la dedicación de los jóvenes al trabajo?

En los últimos años, los responsables de recursos humanos de las empresas aseguran que los nuevos titulados no están dispuestos a trabajar con la dedicación que les demandan. A la vez, muchos jóvenes rechazan trabajar en ciertas empresas. Las grandes auditoras, que hasta hace pocos años eran inundadas por solicitudes de empleo, se encuentran con salas vacías al presentarse en algunas facultades.

Además, ha aumentado la rotación entre recién contratados. Abundan anécdotas de jóvenes que abandonan empleos exigentes bien pagados por otros que exigen menos horas pero ofrecen menos posibilidades de desarrollo profesional. En otras palabras: son una mala inversión profesional a largo plazo. Una queja común es que los jóvenes titulados son cada vez más exigentes y están menos dispuestos a sacrificarse y esperar, mostrando baja productividad, altas expectativas y poco aguante, sobre todo a las críticas.

Como respuesta, muchas empresas están lanzando costosas iniciativas para reclutar y formar a los jóvenes, desde BBVA a Procter & Gamble, con propuestas innovadoras como el HP Campus, el business game de Danone o los acuerdos de PWC con ciertas universidades. Complementariamente, muchas de ellas (por ejemplo, la misma PWC) contratan titulados en el extranjero. Otras, desde Microsoft a American Express, han empezado a redefinir sus empleos a tono con las nuevas demandas de los jóvenes.

La adaptación económica no explica el fenómeno

Una posible explicación es que los jóvenes se están adaptando racionalmente a una coyuntura muy favorable y al bienestar económico general. Ciertamente, me caben pocas dudas de que el desarrollo económico ha sido en última instancia un factor primordial del cambio de actitudes y valores hacia el trabajo. Dudo, sin embargo, que explique por sí solo lo que está ocurriendo. Sospecho, en cambio, que la adaptación de los jóvenes a la situación es incompleta y que sus decisiones no son plenamente racionales. En especial, que no son consistentes en el tiempo.

En cuanto a la coyuntura, ésta no debería afectar decisiones sobre carreras profesionales a largo plazo.

En cuanto al bienestar general, tampoco me convence que la brecha tenga su origen en un cambio en las preferencias acerca de trabajo, dedicación y salario, en respuesta a ese mayor bienestar alcanzado en las últimas décadas. Según este argumento, los nuevos licenciados no estarían dispuestos a perder tiempo libre y satisfacción en el trabajo para ganar más dinero; y responderían así racionalmente al aumento en la riqueza general. El argumento no me convence porque sí se les ve dispuestos a trabajar en consultoras y firmas (McKinsey, BCG, U&M) que, aunque les exigen mucho —y no siempre en tareas interesantes—, les retribuyen de entrada por encima de lo que ofrecen, por ejemplo, auditoras y bancos.

La mala educación sí puede explicarlo

Me parece más probable que el origen de la brecha resida en una inconsistencia en las preferencias intertemporales de los titulados, atribuible a que estos jóvenes no han sido educados para posponer la gratificación. Al menos no en la medida en que lo demandan los empleos con retribución diferida y dosis altas de inversión en capital humano: precisamente, el tipo de empleo que necesitarían nuestros jóvenes para no descender de nivel de vida. Esta inconsistencia se confirma cada vez que un recién licenciado actúa como si su período de formación hubiera terminado, cuando es obvio para el observador externo que apenas ha empezado. Por ejemplo, cada vez que prefiere un empleo de poco esfuerzo y menos futuro.

La causa de esta mala educación habría sido, en última instancia, la posición monopolista que los jóvenes han disfrutado como niños y adolescentes. Muchos son hijos y hasta nietos únicos, a menudo tardíos, lo cual les ha otorgado enorme poder negociador. Muchos de sus padres se dedican tanto al trabajo que se sienten culpables de desatenderles, y les recompensan de mil maneras, cuando no accediendo a todos sus caprichos. Otros consideran a sus hijos más como bien de consumo que de inversión, algo que resulta muy visible en nuestros hábitos de compra de ropa, juguetes o celebraciones infantiles, y en la toma de decisiones basadas en que los padres quieren “disfrutar de sus hijos”.

Potenciando circularmente el proceso, la fuerza de los niños y la debilidad de sus padres ha favorecido normas sociales de gran permisividad y consumo; normas que tan sólo han sido arropadas, que no causadas, por las falacias pedagógicas de los años sesenta: falacias como la maldad de la competencia y el castigo; la necesidad de contener el esfuerzo y de educar en el disfrute; el énfasis en que la responsabilidad es siempre social y, por tanto, ajena. Normas y falacias que, por cierto, aun predominan en nuestro establishment pedagógico, a juzgar por las recientes reformas que hacen todavía más blando nuestro bachillerato.

Dudas, dudas, dudas

• ¿Es tan cierto como se dice qué los recientes titulados españoles prefieren empleos que les exigen menos dedicación de la que muchas empresas demandan?

• ¿Es cierto que rechazan empleos basados en retribución diferida?

• ¿Prefieren ganar menos por menos esfuerzo o más bien se comportan como los niños mimados que (dicen) que han sido?

• ¿Cómo es de representativo este estereotipo de niño mimado y consentido? ¿En qué medida son los jóvenes homogéneos y les afecta el asunto por igual? ¿Hay diferencias sistemáticas entre chicas y chicos?

• ¿Cómo se complica el supuesto problema al considerar que nuestros jóvenes no sólo han de gestionar sus carreras profesionales sino también sus familias?

• ¿Cuáles serán las consecuencias a corto y largo para los jóvenes, las empresas y la economía nacional?

• Suponiendo que esta hipótesis de mala educación se ajustase a la realidad, ¿qué pueden hacer los jóvenes? ¿Las empresas? ¿Los políticos? ¿Los padres? ¿La universidad?

• ¿Cómo podríamos contrastar alguna de estas conjeturas?

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Publicado, junto con las respuestas a diversos comentarios, en la revista Nuevas Tendencias (núm. 67, junio de 2007, 36-49). Versión del artículo en PDF.

64 pensamientos en “La confusión de los cachorros

  1. Madres chinas

    Ha levantado una gran polémica el artículo del WSJ sobre el libro de Amy Chua en la que esta profesora de Yale narra su experiencia como madre exigente en un contexto occidental en el que la exigencia educativa representa cada vez un menor papel. (Battle Hymn of the Tiger Mother, The Penguin Press, 2011).

    La polémica se ha enrarecido por la decisión del WSJ de presentar el libro como una receta acerca de “cómo educar” (“Why Chinese Mothers Are Superior”) mientras que el libro es más bien la memoria de un relativo fracaso. (Véase al respecto los comentarios del NYT [“But Will It All Make ‘Tiger Mom’ Happy?”, “Retreat of the ‘Tiger Mother’”] o la discusión en Racialicious). Los diarios La Vanguardia y El Confidencial también se han hecho eco del debate.

    Mi interpretación es que la diferencia básica entre ambos modelos educativos reside en la prioridad que otorgan al presente sobre el futuro, a las preferencias estáticas sobre las dinámicas y, en consecuencia a una antropología muy diferente de la felicidad.

    El modelo chino sacrifica las preferencias a corto plazo del individuo joven (las suplanta por las de sus padres) en aras de desarrollar unas preferencias más productivas (y, sospecho, más auténticas y satisfacientes) a largo plazo.

    El actual modelo occidental antepone las preferencias a corto plazo permitiendo que el individuo elija y busque por sí mismo el placer y la felicidad desde edad muy temprana. En España, este modelo “occidental” lleva de moda apenas 20 años pero es más exagerado que en otros países: Los niños españoles son quizá los únicos del mundo que eligen su comida del menú en los retaurantes. En verano, vemos cómo los padres alemanes o franceses eligen lo que han de comer sus (más numerosos) hijos; y, a menudo, los niños de otros países ni siquiera comen en el restaurante.

    ¿Es posible que tales modelos puedan funcionar de modo diferente en distintos entornos? Quizá. Se dice que el modelo chino perjudica la creatividad y genera organizaciones demasiado obedientes. (Por ejemplo, se ha intentado explicar de este modo la actual crisis de Toyota). Pero ni la creatividad se desarrolla sin práctica y esfuerzo, ni la inteligencia sin memorización repetitiva. Además, sabemos que la felicidad es paradójica: dura poco, y vale más si es indirecta, si viene del proceso más que del logro.

    Me preocupa que ambos modelos puedan funcionar de modo diferente para distintos grupos sociales: que el modelo occidental sea más difícil de gestionar, que requiera padres con mucho más tiempo y capital humano para, por ejemplo, “dialogar” la educación de las preferencias. De ser cierto, no sólo sería ineficiente, sino regresivo en cuanto a la distribución de la renta.

  2. Los cachorros se han atiborrado

    Parece ser que los jóvenes de hoy en día estamos hibernando de forma permanente sin tener ningún incentivo a esforzarnos hoy para obtener unos rendimientos futuros superiores. De esta forma, nuestra tasa de descuento va en contraposición con los tipos de interés actuales de la economía. Personalmente creo que esta situación puede ser explicada por la situación económica familiar a corto plazo además de la educación que se nos ha sido impartida (bajo la ley universal del mínimo esfuerzo o la ley del “todo a última hora”). Lo que quiero decir es que la mayoría de nosotros (la tipificada generación Y) hemos vivido unos años de gran bonanza económica, y en términos agregados se nos ha consentido tanto como hemos querido. Por lo tanto, la mala educación que plantea Arruñada sólo ha sido posible gracias a una buena situación económica familiar. De esta forma, si no tuviésemos la seguridad de que se nos proporcionaría todo lo que deseamos (una vez se nos ha consentido) es posible que sintiésemos la necesidad de hacer algo para poder prosperar en el futuro.

    Parte de la responsabilidad de esta situación también la tienen las universidades e institutos y la información que se nos proporciona en los Cursos de Orientación Universitaria (o desorientación universitaria): siempre se nos ha comentado las maravillosas salidas profesionales que tienen las diferentes licenciaturas: director de, jefe de,… y todo el mundo nos comenta cuál es la ruta a seguir pero nadie nos explica los detalles, llegando a un punto en que nos creemos que todo es fácil. Además, uno de los problemas que he observado, es que comparamos nuestra situación con la de nuestros padres: al acabar los estudios universitarios muchos de nosotros tenemos una mayor o igual formación que ellos y creemos que ya de entrada tenemos el derecho de recibir salarios iguales o incluso superiores, sin considerar el esfuerzo que han tenido que hacer para poder darnos todo lo que nos han dado. En este sentido, la propia situación familiar nos debería hacer despertar de nuestro sueño permanente y es que los padres no duraran para siempre, aunque muchos no lo hayan pensado.

  3. Incentivos no monetarios

    Sobre este tema quizás deberíamos preguntarnos que grado de culpabilidad tienen las empresas en un sin fin de atribuciones (ingratas) que se hacen a nuestra generación.

    Somos la generación del bienestar por excelencia, de eso no cabe la menor duda, sin embargo me pregunto a qué es debido. Hemos nacido en un entorno confortable en el que sufrir luchar y sacrificarse fue necesario para nuestros antecesores. Ellos crecieron en un ambiente donde guerras, crisis y dictadura eran elementos del día a día. Debían superarse y lograr diferenciarse, la desigualdad en aquel momento era abismal. No es de extrañar entonces que, independientemente del grado de formación y estudios que estos poseyeran, estuvieran dispuestos a realizar cualquier tipo de tarea laboral mejor o peor retribuida. Posponer la gratificación era algo que no les suponía esfuerzo; El afán de superación para conseguir lograrlo era algo habitual. Las empresas perduraban bajo un modelo diseñado por y para ellos donde el salario futuro y el espíritu de superación eran mecanismos de incentivos correctos para los jóvenes de entonces.

    La sociedad, el entorno e incluso la cultura actual difieren enormemente. La influencia de experiencias vividas en el pasado han conseguido crear un generación donde la comodidad de conseguir algo prevalece sobre cualquier otra cosa. Nos lo han puesto fácil, es obvio. Pero ¿y el mundo empresarial? Sigue anclado y adaptado a generaciones anteriores. ¿No deberían lograr diseñar otros sistemas adaptándose a nuevas generaciones? Quizás muchos estén equivocados y la solución sea mucho más sencilla, quizá tan solo sea cuestión de adoptar sistemas de incentivos no monetarios que logren motivarnos. Incentivos que induzcan a los jóvenes de hoy a lograr algo que jamás les hayan proporcionado con total facilidad.

    Las generalizaciones no siempre son correctas; al final todo depende del entorno de cada persona, donde las circunstancias y la experiencia propia determinan nuestras decisiones.

  4. Generaciones futuras

    Es cierto que somos una generación muy acomodada y que nuestros padres nos han dado todo tipo de recursos. Esta circunstancia podría basarse en que ellos tuvieron muchas dificultades para poder estudiar, encontrar un buen trabajo y poder sacar adelante a sus hijos; y su máximo deseo fue que eso no nos pasara a nosotros. El problema es que no nos han enseñado a relacionar beneficio con esfuerzo. Lo queremos todo ahora y ni siquiera pensamos si realmente nos lo merecemos. No creo que la generación de los 80 seamos los pioneros en esta tendencia, ni tampoco la desarrollamos de una manera exagerada. Desde mi punto de vista el problema está en las generaciones que están por debajo de nosotros. Si nosotros estamos mal acostumbrados, ¿qué será de nuestros hermanos pequeños?. Son más mimados, con más facilidades y mucho más consentidos. Y, ¿esos niños cómo van a educar a sus futuros hijos? no hay que exagerar tanto con una generación un tanto cómoda, sino que debemos preocuparnos por las generaciones futuras.

  5. “La confusión de los cachorros”

    Puede ser que hoy en día los jóvenes tengamos unos puntos de vista y objetivos diferentes que los jóvenes de épocas anteriores, así como unas preferencias y requisitos distintos para trabajar en alguna empresa. Estoy de acuerdo con el apartado del artículo que dice que este posible cambio de comportamiento de los jóvenes hacia la dedicación laboral es por culpa de varios fenómenos como el bienestar general que ha habido en estos últimos años y que nos ha influenciado con la manera de pensar y actuar. Hemos estado viviendo en una sociedad que lo hemos tenido todo sin hacer ni la mitad que hubieran tenido que hacer nuestros padres, creo que es lógico que no salgamos ni nos parecemos en la manera de trabajar y de hacer de nuestras generaciones anteriores. Nosotros somos la generación Y y nuestros padres son la generación X. Somos dos generaciones distintas que hay que tratar de manera diferente.

    Las empresas buscan gente trabajadora (que las hay) igual que hace veinte años, y dicen que les cuesta encontrar personal como ellos querrían. Mi opinión es que tendrían que cambiar la forma de buscar personal, de hacer los contratos a los nuevos titulados y modernizarse a esta nueva generación Y, que al fin y el cabo, somos nosotros quienes tenemos que trabajar ahora. Ya se que nuestra generación ha vivido una etapa de bonanza económica y el resultado ha sido personas con unos valores más pobres del esfuerzo y de la dedicación que antes, pero también quiero recordar que somos producto de esta generación X, que ahora dice esto.

    Creo que un factor muy importante que hace que los jóvenes no queremos entrar en según que puesto de trabajo es la gran cantidad de titulados que hay. La proporción de titulados que hay en la generación X de la Y, no tiene nada que ver. Como había época de bonanza económica nuestros padres nos obligaban a estudiar hasta lo más lejos que podían, y el resultado es que ahora hay miles de titulados con unas expectativas enormes (ya que antes si tenías un título tenías faena asegurada y buena) que no aceptan cualquier faena y con una gran competencia entre ellos.

    Creo que a la generación Y no la cambiaran las empresas por mucho que critiquen éstas que nuestros valores son pobres y no tenemos lunaa capacidad de esfuerzo adecuado o la que ellos desean. Somos el producto de estos veinte años, y creo que el conflicto no está en que no somos trabajadores, sino que somos distintos de antes y por eso, mi consejo a las empresas es que tendrían que hacer políticas para nosotros y no las de siempre.

    Eudald Gonfaus

  6. ¿Cómo gestionar nuestra carrera profesional?

    Según nuestra opinión, para una buena gestión de la carrera profesional hace falta una buena preparación previa y un buen entendimiento de las preferencias y de las opciones, y por lo tanto acceso a información relevante respecto a salidas profesionales que le ayuden a crearse unas expectativas realistas. Es decir, el estudiante debe tener muy claro cuáles son sus objetivos y aspiraciones para su vida laboral conociéndose a si mismo y a su entorno y accediendo a la mejor formación a su abasto.

    Creemos que la carrera profesional de un estudiante debe ser gradual, teniendo en cuenta que parte de una base muy teórica y necesita formación práctica. Con esto nos referimos a que cuando un estudiante termina sus estudios en la universidad obtiene una buena base teórica pero, a nuestro modo de ver, insuficiente para lograr una buena carrera profesional, que requiere diferentes habilidades que no se aprenden en los libros.

    Para llegar a obtener los resultados esperados, hace falta adquirir conocimientos prácticos y habilidades fuera de las aulas y las asignaturas ofrecidas por la universidad, además de aprovechar las oportunidades en cada materia para aprender al máximo y poner en práctica estas habilidades y competencias en desarrollo.

    Nos parece crucial intentar hacer prácticas en empresas para empaparse de la realidad del sector y seguir desarrollándose mientras se adquieren conocimientos y habilidades que la universidad no puede ofrecer. Por ese motivo, creemos que las aspiraciones económicas y de cargo del estudiante dentro de la empresa deben empezar siendo bajas para llegar a los niveles esperados por cada uno: no podemos pensar en tener el mejor sueldo y el mejor puesto de trabajo justo después de salir de la universidad, sino que tenemos que ir adquiriendo conocimientos y progresar en nuestra carrera profesional.

    Con todo ello, estamos convencidos de que el éxito profesional no se basa sólo en la adquisición de conceptos prácticos y teóricos, sino en otras habilidades y competencias. Creemos que el mercado laboral cada vez demanda más un talento que no está reflejado en el expediente y que consiste en características como la habilidad de adaptación, de comunicación, idiomas, versatilidad, tolerancia al riesgo, etc (obviamente cada puesto y sector demanda unas características diferentes). Es por ello que un estudiante debe marcarse metas claras y realistas y no desaprovechar ninguna oportunidad de desarrollo, siendo proactivo en una formación mucho más allá de la académica.

  7. Un cambio brusco

    Después de leer el artículo y como integrantes de esta generación de jóvenes que somos, estamos de acuerdo en sentirnos parcialmente identificados con los rasgos comentados. En nuestra mayoría provenimos de un núcleo familiar reducido, no hemos sufrido grandes dificultades económicas y, consecuentemente, nos hemos focalizado exclusivamente en nuestros estudios, dejando el mercado laboral en un segundo plano.

    Debido a esta comodidad que disfrutamos en nuestra época de estudiantes, representa un cambio contundente y muy brusco el entrar de repente a un mercado laboral donde las exigencias son altísimas. Aún así creemos, que aunque al principio nos pueda representar serias dificultades entrar en puestos de trabajos con largas jornadas horarias y baja retribución, ya que eso significa un cambio de estilo de vida considerable, al final esta generación de jóvenes acabaremos dando este paso. Paradójicamente creemos que este paso será fruto de nuestro apreciado nivel de vida del cual hemos disfrutado, ya que en nuestra gran mayoría, para igualarlo, deberemos cumplir altas expectativas.

    El paso es difícil por lo comentado anteriormente, pero creemos firmemente, por experiencias propias y de compañeros, que una vez dentro del mundo laboral, sentimos que podemos ser una juventud con grandes cosas que ofrecer, obtener éxito y sacar provecho de las numerosas horas de formación que hemos tenido durante los últimos 4 o 5 años.

    Además, creemos preciso señalar que la situación económica actual puede provocar un cambio de mentalidad en nuestra generación, puesto que la continua bonanza económica que hemos vivido ha dado un giro radical y es ahora cuando más tendremos que luchar por lo que creíamos que teníamos el derecho de obtener. Consecuentemente, esta nueva mentalidad debería ser transmitida a nuestros hijos, y de este modo, las futuras generaciones podrían estar educadas en la lucha por conseguir cualquier meta a través del esfuerzo.

  8. Sociedades nuevas, ¡incentivos nuevos!

    Nosotros somos un grupo de estudiantes de la Universitat Pompeu Fabra y queremos aportar nuestro punto de vista sobre ciertos aspectos del análisis que usted, Sr. Benito Arruñada, hace sobre las características sociológicas y psicológicas de nuestra generación, y los problemas que éstas generan.

    En primer lugar, nos gustaría dar una serie de características que vemos en nuestra generación que se alejan de la definición que da en su artículo. Usted nos define como jóvenes más o menos “mimados” que han pasado de ser un bien de inversión a un bien de consumo. Citamos por ejemplo:
    (…)“resulta muy visible en nuestros hábitos de compra de ropa, juguetes o celebraciones infantiles, y en la toma de decisiones basadas en que los padres quieren “disfrutar de sus hijos” (…) ante lo cual nosotros nos preguntamos: ¿los adultos no tienen los mismos hábitos de compra de ropa, de bienes de entretenimiento, de fiestas aunque por supuesto no con payasos y de decisiones basadas en “disfrutar de su pareja/ amigos / familia”? ¿no será la sociedad en su conjunto que evoluciona en esta dirección?.

    Nuestra generación tiene muchas virtudes: la creatividad, la flexibilidad, la sinceridad (no muy valorada hasta ahora en el mercado laboral aunque muy necesaria para crear una sociedad más exigente en todos los niveles), la valentía cuando debemos ser exigentes… aunque ésta sea otra crítica basada en estereotipos positivos.

    En segundo lugar, queremos expresar nuestra opinión sobre los factores que provocan estos graves problemas de adaptación al mundo laboral que sufrimos cuando salimos de la facultad.

    Cuando un estudiante acaba la carrera, se encuentra ante un dilema: seguir estudiando o empezar a trabajar. Sin embargo, empezar a trabajar tiene unos costes muy elevados porque a pesar de haber estudiado durante 4 años se carece de la experiencia laboral necesaria (problema de la mala educación pero universitaria que no familiar). Entonces optamos por entrar en las auditorias o empresas parecidas y no porque paguen más sino porque desesperados o desorientados creemos que en ellas podremos crecer con mayor rapidez hacia puestos más ambiciosos. Así nos encontramos a los 23 años de edad (recién licenciados) trabajando de lunes a viernes en empresas en las que se fomenta y prevalece la competitividad inhumana entre los compañeros, los horarios interminables, y las duras condiciones laborales (despidos arbitrarios e inmediatos) y los sábados realizando un curso de contabilidad avanzada para estar a la altura de tus compañeros. Ante estas circunstancias es inevitable la aversión a este tipo de trabajo.

    Según muchos autores, somos una generación que ha nacido con muchas facilidades y respaldada por una época de bonanza económica y social (estado del bienestar…) y ello provoca nuestro decreciente interés por la vida de infinitas horas laborales y nuestro creciente interés por la vida del ocio y tener unas condiciones laborales aceptables.
    Pero lo que hay que entender es que esta causa y efecto es absolutamente normal; es lógico que no tengamos los incentivos que tenían nuestros padres para trabajar y ascender a toda costa y salir así de la miseria en la que vivían hace 50 años.

    Por lo tanto planteamos dos opciones para arreglar este desequilibrio tan grande que se produce entre empleadores y recién licenciados. La primera es, como sugieren muchos expertos, volver a la educación familiar del sacrificio y la disciplina y generar estudiantes que estén dispuestos a aceptar cualquier “job” a cualquier precio y vuelva la ambición de hace 50 años… sin embargo, esta solución nos suena un poco “carca” y que lejos de afrontar el problema actual lo esquiva intentando recuperar el esfuerzo de los años 50 y fomentarlo en el siglo XXI.

    Sin embargo, nosotros creemos que son las empresas y las universidades las que deben entenderse mucho mejor y sobretodo entender muchísimo mejor a la nueva fuerza laboral; y así, crear nuevos incentivos que deberán ser muchísimo más sofisticados para convencer y trasmitir ilusión, motivación y ambición a esta nueva generación. Somos conscientes de que esto es todo un reto para la sociedad porque nunca antes se había dado esta situación pero son las sociedades que miran hacia delante las que triunfan y crecen con mayor fuerza y aquellas que saben afrontar el problema de frente y superarlo.

  9. ¿Generalización?

    El estereotipo que se ha desarrollado a lo largo del artículo de Arruñada es un reflejo generalizado de la generación Y, estamos de acuerdo que esta generación ha crecido en un entorno de comodidad, donde hemos recibido muchas gratificaciones mediante poco esfuerzo. Esto ha creado una cultura en donde no sabemos apreciar el valor del esfuerzo y del sacrificio, en un entorno de poco riesgo, ya que, damos por sentado que disponemos de un soporte económico paterno. Esto provoca que seamos una generación con poca visión de futuro que no pospone las gratificaciones.

    La creación de este ambiente se ha ido formalizando a lo largo de los años 80 y 90, debido a las oportunidades de desarrollo del nivel económico y de calidad de vida que han sido beneficiosas para la generación X. Estas han aprovechado todas estas circunstancias provocando un cambio en la educación de sus hijos y en la importancia de éstos en el núcleo familiar. Los hijos pasaron ha simbolizar un disfrute y a ser el centro de atención al interior de este núcleo, consiguiendo todos sus caprichos. Cuando estos niños han llegado a la madurez y tienen que entrar al mundo laboral sin la protección de sus padres, no se ven con la suficiente capacidad de sacrificio para adaptarse a los puestos de trabajo estructurados en las empresas. Para alinear los intereses entre empresas y la generación Y se tendría que crear un equilibrio de adaptación donde las empresas tendrían que ser más flexibles para que podamos combinar el trabajo con el ocio, además de garantizar que el esfuerzo presente se verá reflejado en una gratificación futura.

    De igual forma deberíamos decantarnos por una visión más ambiciosa en la que seamos autosuficientes y nos veamos gratificados al conseguir alcanzar nuestros objetivos mediante el propio sacrificio. Un punto a favor de éste argumento es el hecho de que somos una generación que se adapta con facilidad a los cambios y debido a la recesión económica actual, nuestras conductas están cambiando facilitando la llegada a este punto de equilibrio.

  10. La generación del Bienestar

    Somos la generación por excelencia del estado de bienestar. Tenemos todo aquello que deseamos al alcance de la mano. Nos definen como los máximos estandartes del consumismo, de la ley del mínimo esfuerzo, y la causa es que nacimos en el mejor momento en el que alguien puede nacer. Todos nos desarrollamos en este entorno, pero circunstancias personales nos obligan a tomar decisiones completamente distintas.

    Nuestra pasividad laboral no viene solamente influenciada por la conjetura económica sino por la estructura laboral y estudiantil que se ha creado. Actualmente existen facilidades de acceso a una educación superior que antes no se daban. En generaciones anteriores han debido trabajar para poder pagarse estos estudios, o tan solo podían acceder a la universidad aquellas familias que pertenecían a un cierto estatus económico. La gran mayoría de nosotros no hemos tenido este tipo de impedimentos, estudiamos sin plantearnos el coste económico que puede suponer para nuestros padres. Es una facilidad más de las muchas que nos han aportado a lo largo de nuestra vida, sin requerir ningún tipo de esfuerzo, y por lo tanto no lo valoramos lo suficiente.

    A pesar de todo esto, los estudiantes creemos que hemos invertido mucho tiempo y trabajo en obtener una carrera universitaria, por ello no estamos dispuestos a aceptar un trabajo que nos ofrezca unas expectativas menores a las que esperamos, debido al alto coste de oportunidad que hemos soportado a lo largo de estos años.

    Muchos opinan que nuestra generación no estamos dispuestos a aceptar un empleo que no nos permita conciliar tiempo libre con vida laboral dotada de excelentes condiciones. Sin embargo, nuestro punto de vista difiere. Sacrificaríamos nuestro tiempo libre durante un periodo determinado (el inicio de nuestra experiencia laboral) con el objetivo de cosechar éxitos futuros dotados de mejores condiciones laborales donde sea posible conciliar la vida laboral, el tiempo libre y la vida familiar.

  11. La generación del conformismo

    El Periódico de Catalunya del 15 de junio de 2009 publica la siguiente noticia:

    “La cifra de empleados públicos en Catalunya se ha acercado a la de empresarios hasta reducir la diferencia a un mínimo histórico de 100.000 personas. En el conjunto de España, los funcionarios superan por primera vez a los empresarios.
    Se hace referencia al “espíritu acomodaticio”, que ha incrementado entre los jóvenes de hoy en día, muchos de los cuales tienen como máxima aspiración ser funcionarios. Las encuestas y las colas de jóvenes que se presentan a las oposiciones para cubrir plazas de funcionario demuestran que la Administración es la empresa más deseada. Según una encuesta realizada por el centro de investigación Ivie, el 65% de los jóvenes hasta 30 años prefiere ser funcionario antes que trabajar con contrato fijo en una empresa con el mismo sueldo.”

    ¿Cuál es el foco del problema? Nos remontamos a la generación de los 60, que hoy día representa la mayoría de los padres de la generación de finales de los 80. La situación de la España de aquel entonces estaba bastante atrasada con respecto a los otros países europeos, donde nuevas corrientes políticas y liberales se empezaban a implantar. Sin embargo, la situación de España era totalmente distinta, donde la dictadura vivía sus últimos momentos de gloria y que empezó a extinguirse a finales de los 70. Dicha generación tuvo que luchar y trabajar mucho para poder obtener un trabajo bien retribuido en la época en la que España salía de la dictadura y comenzó el crecimiento económico así como la generación de un Marco Constitucional. Gran parte importante del crecimiento económico español se debió a esos padres que pelearon, con esfuerzo y dedicación, para conseguir un país más dinámico económicamente.

    Sin embargo, ¿qué ha llevado a la sociedad actual a una situación tan opuesta? Consideramos que el foco del problema reside en diversas partes: padres e instituciones.

    Consideramos que los padres actuales han conseguido mucho a un precio muy alto. La bonanza y estabilidad económica que se generó en España en épocas posteriores, durante la década de los noventa, ha llevado a estas familias a tratar de otorgar la mejor educación, conocimientos y estabilidad a sus predecesores para que éstos no se vean en una situación similar a la de sus padres. ¿Representa esto un olvido instantáneo por parte de los padres del trabajo y el esfuerzo que tuvieron que hacer?. Nuestra respuesta es “no”, sin embargo la situación a la que se ha llegado es un resultado indirecto de “criar entre algodones” a las nuevas generaciones. Hoy día, el esfuerzo se concibe de otra manera a la que se concebía antes. Podríamos decir que el esfuerzo era sinónimo de sudar la gota gorda, con situaciones extremas. Sin embargo ahora, el esfuerzo es dedicarse a ir al centro de estudios, el cual tiene acceso Internet, calefacción y aire en sus respectivas estaciones, los mejores profesores y el mejor material. Ahora el esfuerzo es dedicarse a aprender materias teóricas. Antes, pero, el esfuerzo era intentar aprender y formarse, si se daba la opción.

    ¿Cuál es la cultura del esfuerzo que se promueve desde los centros educativos? Las nuevas tecnologías cada vez se acomodan más a las necesidades de los estudiantes. Pero ¿hasta qué punto es factible que un estudiante tenga todas las comodidades a mano? Muchas veces, no tienen que buscar información o trabajar por su cuenta, el profesor les da todo el material y ellos sólo deben estudiarlo. Este hecho junto con el bajo nivel educativo español hace que los jóvenes no se involucren en los estudios y puedan pasar su periodo de formación sin grandes esfuerzos.

    ¿Se está inculcando la competitividad? El hecho de exigir un nivel muy bajo junto a no motivar suficientemente al estudiante para que cada día se vaya superando a sí mismo, ha provocado que los jóvenes no sean competitivos sino conformistas. ¿Podríamos entender así por qué los jóvenes prefieren trabajar como funcionarios?

    ¿Se complementan las ofertas del sector empresarial con la demanda de trabajo? La globalización y la cada vez mayor integración de las culturas y estándares sociales han llevado a las empresas españolas a querer estar a la altura de sus competidoras internacionales. Sin embargo, para reclutar buenos trabajadores, se debe de empezar por establecer unos pilares sólidos a nivel familiar y educativo.

    El sistema educativo, pues, tendría que fomentar la creatividad, la competitividad, el esfuerzo y la autocrítica.

  12. El destino de los cachorros

    No creemos que esta tendencia se deba a que los recientes titulados sean una generación de niños mimados sino que, como hemos visto que las generaciones anteriores han dejado de lado aspectos personales y familiares para dedicar su tiempo exclusivamente al trabajo, perjudicando las necesidades afectivas de los hijos, ahora éstos aprecian más la importancia de la vida personal.

    Consideramos que no hay diferencias sistemáticas entre chicos y chicas, ya que al incorporarse la mujer al mundo laboral, ambos sexos se han visto afectados por las mismas restricciones de ocio. Nos encontramos con un reciente titulado homogéneo, con la excepción de algunos jóvenes, que, deseando mantener o aumentar la calidad de vida recibida por sus padres, están dispuestos a trabajar muchas horas y recibir a cambio un salario alto, rompiendo con el esquema expuesto por Benito Arruñada en su texto.

    Las consecuencias de esta nueva tendencia, afecta a muchos agentes de la sociedad. Las empresas tendrán que adaptarse a las nuevas exigencias de la mayoría de sus posibles candidatos desarrollando programas para conseguir ser familiarmente responsables. A nivel de economía nacional, esta tendencia podría llegar a ser positiva ya que estamos dejando de percibir el trabajo como algo impuesto para comenzar a integrarlo como parte de nuestras actividades. Ya que España es un país poco productivo, creemos que con esta nueva mentalidad se puede motivar más al individuo a entrar en el mercado laboral ya que no lo ve como un invasor de su vida privada.

    También es cierto que actualmente nos encontramos en un momento excepcional de crisis, que afecta nuestras preferencias a corto plazo, estando más dispuestos a trabajar más horas y en trabajos menos adecuados para nuestras habilidades para ganar un salario.

  13. ¿Qué esta pasando?

    El estereotipo que se está estableciendo actualmente en la sociedad respecto a que los jóvenes rechazamos puestos de trabajo dónde inicialmente se exige mucho y se cobra poco no nos parece exagerado; es estadísticamente válido pese a que muchos de nosotros no nos veamos reflejados en él, especialmente aquellos que puedan provenir de familias más humildes y con menos recursos. En este sentido, tenemos que decir que cada año salen de nuestra universidad 300 licenciados en economía ¿vamos todos a rechazar las ofertas de éste tipo de empresas?

    No tenemos que olvidar que la universidad es un servicio público dónde se pueden encontrar estudiantes de todo tipo, y si se nos permite, provinentes de diferentes estratos sociales. Muchos de nosotros sí hemos estado educados en el esfuerzo (especialmente aquellos cuyos padres nacieron en la década de los 50 y que vivieron, desde pequeños, una dura época de la historia). En nuestro grupo, consideramos que el contexto histórico, social y económico en el que vivimos sí tiene bastante a explicar.

    En primer lugar, todos los juicios que llevan a cabo los seres humanos se realizan respecto un punto de referencia o punto de comparación, tal como apuntan las teorías persuasivas (adaptation level theory). En el caso concreto de los jóvenes y los puestos de trabajo, tenemos tendencia a compararnos con nuestros padres. Muchos de ellos no fueron a la universidad y aún así, tienen elevados sueldos. Nosotros somos universitarios y, consecuentemente, tenemos la sensación de que debemos exigir más. Por eso sí se observa que en las empresas dónde se pagan más pero se exige más si que son atractivas para los jóvenes.

    Respecto al punto de que no somos capaces de posponer la gratificación, según la psicología evolutiva es un problema que se observa en todos los individuos. De este modo, nuestros padres también lo deberían haber experimentado, ¿o es que los instintos mal adaptados se observan en diferente gradación dependiendo de la generación?

    Otra explicación posible del rechazo de puestos de trabajo donde hay mucha exigencia y un salario bajo se podría sustentar en el concepto de aversión al riesgo. Bajo el supuesto de que la mala adaptación de nuestros instintos depende de cada generación, podríamos decir que los jóvenes de hoy en día somos menos adversos al riesgo debido a que no hemos vivido, en general, situaciones difíciles en el contexto histórico que nos haya hecho pensar en la importancia de esforzarse para obtener un empleo y conservarlo. Además, siempre hemos tenido la certeza que nos podíamos apoyar en una pared muy ancha (nuestros padres) en caso de necesidad. Por lo tanto, aceptamos el hecho de que la mala educación es un factor importante para explicar la situación actual del mercado de trabajo.

    Por último, creemos que contexto económico actual puede comportar un posible cambio temporal del entorno que podría despertar los instintos ancestrales de la juventud, como un crecimiento de la aversión al riesgo y una toma de decisiones sin tener en cuenta el futuro. Teniendo en cuenta que el presento no es muy favorable, podría suceder que los jóvenes fueran más conscientes de la necesidad de tener puesto de trabajo, con un sueldo a fin de mes pese a la alta exigencia; aceptando que el puesto soñado esta, todavía, más inalcanzable.

  14. Bolonia

    Arcadi Espada ha publicado un interesante artículo sobre “el tipo de alumno que prevé Bolonia”. Dice, por ejemplo, que:

    Lo realmente inquietante, desde el estricto punto de vista español, es el tipo de alumno que prevé Bolonia. Para bosquejarlo sumariamente: los planes prevén un alumno que llega con la facultad de pensar puesta y que conoce cómo funcionan las modernas herramientas de conocimiento.

    ESPADA, Arcadi, “Un alumno español llega a Bolonia”, El Mundo , 20 Noviembre de 2008, p. 22.

    ¿Ayuda la Universidad a adquirir esas herramientas de conocimiento? ¿Podría hacerlo? ¿Debería hacerlo? Desde este planteamiento, ¿qué cabe pensar de las quejas y reivindicaciones del movimiento “anti-Bolonia”?

    Más en general, ¿tiene razón en su análisis de la educación preuniversitaria? ¿Tiene importancia su diagnóstico de cara al desarrollo profesional posterior a la Universidad?

  15. Campeones potenciales

    Ayer, una selección de “cachorros” españoles se proclamaba campeona de Europa de fútbol, una empresa en la que habían fracasado varias generaciones anteriores. Además, lo hacían jugando bonito y en equipo.

    No tiene sentido sacar conclusiones de un incidente deportivo, pero este éxito suscita algunas preguntas de interés:

    • ¿En qué se diferencia la conducta de esta selección respecto a las anteriores? La prensa habla de la relativa ausencia de divos. De que saben mantener la cabeza fría en los momentos decisivos. Pero también de su disciplina y esfuerzo. De autoexigencia.
    • ¿Cuánta influencia ha tenido las aportaciones brasileña y filipina? ¿Tendrá la inmigración efectos similares en la sociedad española? Probablemente.
    • ¿Hubiera sido más difícil este equipo con un seleccionador más joven? ¿Y con uno que no hubiera centrado en sí la mayor parte de la presión de los medios?
    • ¿Cómo ha influido el que buena parte de nuestros mejores jugadores estén jugando en el extranjero? ¿Cuánto han crecido los Cesc, Torres y cía. al irse a Inglaterra?
    • ¿Nos indica este éxito algo acerca de los logros que va a alcanzar su generación? Posiblemente. Pero no solo de los logros sino también de los requisitos: esfuerzo; seguridad en uno mismo pero con autodisciplina; buena dirección; y aprender de otras culturas, aquí y en Liverpool.
  16. Generación Coca-Cola

    Aunque no procede generalizar, somos la generación del “disfruta de la vida” de Coca-Cola. No tenemos necesidad de trabajar más, de sacrificarnos más, porque ya somos felices; ya sabemos cuál es el secreto para ser feliz. La felicidad no pasa por el dinero. Entonces, ¿para qué dedicar más horas de nuestra corta juventud a trabajar? Sabemos hasta dónde hemos de trabajar para lograr un equilibrio óptimo.

    Pensamos algunos de nuestros contemporáneos priorizan el aparentar, el figurar, el qué dirán. Pero la clave está en el número de personas que quieren vivir así. A nuestro juicio, es una minoría. Por el contrario, la gran mayoría de nuestra generación hemos sabido ver a tiempo qué es lo importante. Y, una vez has visto los pros y los contras de una y otra opción, muchos hemos decidido trabajar menos y obtener más calidad de vida.

  17. Cuestión de preferencias

    Realmente, ¿hemos cambiado tanto respeto a generaciones anteriores, o simplemente hemos adaptado nuestras preferencias al entorno actual? Arruñada habla de la mala educación como el principal origen del problema. Quizás la utilidad que nos reporta un trabajo con menos responsabilidades y una vida social más activa ha pasado a ser mayor que la felicidad que podemos obtener de un empleo con mayor dedicación, con más perspectivas profesionales. Las personas evaluamos cuál de los dos factores pesa más y elegimos el que nos da una mayor satisfacción.

    Solo se han planteado las causas del conflicto, y se intenta que los jóvenes cambiemos nuestros hábitos. ¿No sería mejor estimular a los jóvenes para trabajar en puestos de responsabilidad, de modo que las empresas, universidades y padres, incentivaran a desarrollar estas actividades? Generaciones anteriores se comportaron racionalmente con el entorno, sus condiciones de vida eran duras y se veían obligados a trabajar con más dedicación. Es lógico que ahora que las condiciones han cambiado nos adaptemos a ellas. Estamos acostumbrados a un nivel de vida bueno con el cual nos conformamos. Si no cambiamos el entorno laboral y social, no vamos a conseguir que la gente más preparada llegue a los empleos de más responsabilidad, ya que les reportará una mayor utilidad permanecer en trabajos de menos dedicación.

  18. La fábrica de profesionales

    La mayor riqueza nos otorga oportunidades pero, al mismo tiempo, nos exige una “señalización” distinta que a nuestros antecesores. Recién salidos de la Universidad debemos enfrentamos a un mundo laboral desconocido y agresivo, en el que existen sectores competitivos, y en el que deberemos aprender a diferenciarnos si queremos ascender. Hoy en día, tener un título universitario no es suficiente para poder desempeñar un empleo gratificante y bien remunerado. Por ello, se requieren aspectos complementarios, como pueden ser el aprendizaje de más idiomas o la especialización en algún tipo de postgrado o master. Dichos complementos serán los que realmente nos van a identificar y los que nos diferenciarán a lo largo de nuestra trayectoria profesional.

    En cuanto al origen de los problemas que sufren nuestros jóvenes profesionales es importante, por un lado, qie el actual estado del bienestar permite un mayor acceso a estudios superiores, pagando el coste de invertir en algunos jóvenes que no lo merecen por su bajo esfuerzo. Por otro lado, existen fallos en la base de la educación, ya que no se nos enseña a aplicar los conocimientos adquiridos a la realidad laboral. Así, muchos recién licenciados no conocen sus verdaderas capacidades y se muestran inseguros a la hora de prever el éxito de su futura carrera profesional. Por ello, muchos estudiantes llegan a plantearse si compensa invertir en carreras con remuneración diferida cuando realmente el éxito profesional no está asegurado.

  19. Efecto riqueza

    Pese a que el salario quizá sea a largo plazo mayor en empleos con retribución diferida, puede que los otros empleos satisfagan más su utilidad, ya que la situación económica y social actual lo permite. Así, los jóvenes no están dispuestos a hacer los mismos trabajos que sus padres, igual que éstos, si hubieran podido, no hubieran aceptado los trabajos de lso abuelos. Además, el ser hijos o nietos únicos puede apoyar esta tesis, al convertirse en herederos únicos del patrimonio familiar. De este modo se financia un nivel de vida que maximiza utilidad sin maximiza salario.

  20. Necesitamos garantías

    Es posible que los jóvenes no queramos trabajar en empresas que posponen la gratificación. Pero el motivo es la falta de garantías que nos ofrecen, y no la mala educación (por mala que sea). Muchas empresas pagan poco y exigen mucho, y sin dar garantías de que lleguen a promocionarnos.

    ¿No deberían las empresas cambiar su enfoque? Siempre pensamos que el trabajador es quien ha de adaptarse a las condiciones de la empresa; pero quizá sea hora de cambiar los papeles.

  21. Cachorros que no crecen

    La educación es una causa importante, pero no sólo debemos fijarnos en la mayor laxitud de los colegios y universidades, sino también en la excesiva permisibilidad con la que nos han educado nuestros padres (que es fruto de la voluntad de distinguirse de sus propios progenitores; no ser tan autoritarios, que sus hijos les amen en vez de temerlos etc.) Creemos que el problema su encuentra en la familia y que los centros educativos simplemente han ajustado sus estándares.

    Todos estos cachorros van a tener hijos sin estar preparados para ello, con lo que la educación de las generaciones venideras puede empeorar aun más. Además, algunos de estos cachorros van a convertirse en maestros y profesores, misión para la que van a estar extraordinariamente mal preparados. En síntesis: vamos a tener cachorros grandes educando a cachorros pequeños.

  22. Las mordeduras de los cachorros

    Somos una generación afortunada. No hemos tenido que hacer frente a muchas de las situaciones que sufrieron nuestros padres y abuelos, pero que también les dieron una mejor perspectiva de lo que cuesta ganarse la vida por uno mismo.

    Nos resulta paradójico que, a pesar de que ellos son muy conscientes de lo dura que puede llegar a ser la vida, en muchos casos no nos lo han sabido transmitir. Nos han sobreprotegido. En lugar de ayudar a levantarnos, no nos han permitido que nos cayéramos. Los centros educativos y la sociedad en su conjunto se han contagiado de esta benevolencia.

    Con esto no pretendemos eludir responsabilidades. Empezamos a ser conscientes de que somos dueños de nuestra vida. Ésta nos presenta dificultades que sólo nosotros podremos superar. No somos tan cachorros como parece. Quien más quiene menos ha sufrido ya sus mordeduras, y ha empezado a morder.

  23. ¿Es real la confusión?

    Los “cachorros” no estamos confundidos. La sociedad nos ha enseñado que trabajar no es ningún mérito y que si algo te sale mal sólo tienes que protestar para que papá gobierno te solucione el desaguisado.

    Aprendimos rápido a sacar provecho de esta situación y ahora la misma sociedad, al más puro estilo occidental, se queja de que hay que hacer algo para solucionarlo.

    Es irónico que queramos matar al monstruo que hemos creado porque nos ha salido el tiro por la culata, aunque eso si sin ensuciarnos las manos. Así somos. Estamos a favor del Tibet libre y de placar a las personas que llevan la antorcha olímpica, pero ¿quién está dispuesto a ayudar realmente a los tibetanos?

  24. Una solución: El mercado universitario

    La actitud de la sociedad se ha trasladado a la educación. Esto ya se refleja en el colegio, donde no se pone énfasis en el esfuerzo, pero se acentúa en la universidad. La masificación ha favorecido la cantidad descuidando la calidad, con la consiguiente relajación de la exigencia.

    La solución pasa por liberalizar el mercado de estudios universitarios. Sólo así los universitarios tendríamos presente el coste de la carrera y aprenderíamos a “exigir exigencia”. La impopularidad de esta propuesta podría ser paliada con un sistema de becas por mérito y la generalización de los préstamos universitarios. De ese modo, se incentivaría a los estudiantes a esforzarse más en su formación para conseguir un trabajo bien remunerado y devolver el préstamo.

  25. Los jóvenes sin retos

    Muchas empresas dedican hoy gran cantidad de recursos a captar la atención de estudiantes universitarios en últimos cursos. Ciertamente, me sorprende que las empresas vengan a nosotros como si fuéramos carnaza. Mi asombro se origina por haber estado toda una vida digiriendo lecciones sobre el supuesto mal estado del mercado de trabajo. Después de todo, me da miedo el estar tan convencida en luchar de forma competitiva por un proyecto de éxito profesional.

    Me inclino a pensar que todo mi caos es fruto de una educación descalabrada que nunca ha llegado a nada en mí. Deberían haber sabido construirnos un mundo de retos, pensamientos y dialéctica. Y nosotros haber trabajado por ello. La mayoría de los jóvenes se encuentra, por lo tanto, sin saber como comportarse y adaptarse en su día a día. No queremos saber hasta donde podemos llegar.

  26. Cachorros ambiciosos

    No somos una generación de mal educados sino de mal aprendidos. Nuestros padres nos han educado de forma exigente pero nosotros hemos antepuesto, durante veinte años, el ocio al trabajo.

    Ahora nos damos cuenta que la vida a la que aspiramos exige un trabajo duro. Es positivo que nuestras aspiraciones sean superiores a las de nuestros padres, somos una generación ambiciosa. Quizás este tópico suene idealista, pero con esfuerzo y trabajo lo podemos conseguir.

    Además, exigirnos más a nosotros mismos nos permitirá elevar el listón cuando seamos nosotros los educadores. Esto hará que los estándares sean cada vez más altos y que la sociedad evolucione positivamente.

  27. Sabemos lo que queremos

    Quizá dependamos mucho de nuestros padres y nos exijamos poco. Pero no creo que estemos confusos. Aunque dominados por el marketing y el seguidismo, somos más productivos, ya que somos más abiertos y sabemos usar nuevas tecnologías. Si limitamos el esfuerzo es, simplemente, porque nuestras preferencias son distintas. Y nuestra menor capacidad de sacrificio resulta de que controlamos más nuestra propia vida y queremos adaptarla a los tiempos que corren. Además, muchos somos exigentes con nosotros mismos y queremos alcanzar metas muy altas. Cierto que ahí sí puede surgir un conflicto: entre nuestro modo de aplicar el esfuerzo y esas metas tan elevadas.

  28. Necesitamos 145 mil Euros al año

    Los jóvenes no estamos dispuestos a hacer del trabajo nuestra vida, controlamos nuestro tiempo y queremos un salario que recompense con creces el enorme esfuerzo académico que estamos realizando.

    En concreto, en un estudio que acabamos de realizar mediante una encuesta y una estimación de costes, mantener el nivel de vida que aspira disfrutar a los 40 años de edad el estudiante típico de ADE o Economía de la UPF cuesta unos 145.000€/año. ¿Ganaremos lo suficiente?

  29. Descubriendo las propias preferencias

    Tras toda esta discusión, me queda la duda de si los fenómenos que creemos observar en este terreno son consecuencia de: (1) la evolución y situación económica (más riqueza familiar, pleno empleo); o bien (2) existe una inconsistencia temporal en las decisiones por parte de los jóvenes, relativa a la elección de puesto de trabajo en sus dimensiones de más o menos esfuerzo y remuneración diferida.

    No es éste el medio adecuado para dilucidar la cuestión a escala general, pero sí tal vez para aclararla a escala individual. Para ello, permitidme proponer un ejercicio de reflexión a los jóvenes que estáis a punto de licenciaros, de buscar y elegir empleo, de entrar a trabajar, o … de abandonar uno de esos empleos que os resultan demasiado exigentes. Simplemente, preguntaros cuáles son vuestras “necesidades básicas” de ocio y consumo. A continuación, cuantificad cuánto cuesta financiarlas, para lo cual posiblemente a algunos os será útil consultar con padres y amigos. En suma, querría invitaros a reflexionar sobre qué nivel de ingresos necesitáis conseguir para satisfacer vuestras aspiraciones de consumo a corto y largo plazo.

    Los jóvenes estudiantes y licenciados debéis aseguraros de cuáles son vuestras preferencias y posibilidades. Y en algún caso adaptar vuestras expectativas: las de ingresos y consumo, o las de esfuerzo. Estas opciones conllevan, respectivamente, o bien mejorar la capacidad de sacrificio, para aspirar a carreras profesionales con remuneración diferida, en consonancia con una productividad creciente; o bien elegir puestos de menos esfuerzo, a sabiendas de que los salarios, los actuales, pero sobre todo los futuros, serán bajos. La opción de “aumentar la eficiencia del esfuerzo” consiguiendo, así, un aumento de la productividad que satisfaga las dos aspiraciones —ingresos altos y esfuerzo bajo—, constituye un esfuerzo de segundo grado, pero esfuerzo al fin y al cabo: hasta para no trabajar, hay que usar la cabeza. Y, además, para usarla mejor, hace falta un sistema educativo que ayude a emplearla para algo más que grabar recetas y estereotipos.

    Un riesgo que los jóvenes corréis al elegir es el de sufrir una inconsistencia en vuestras preferencias: habéis de decidir ahora, acerca de lo que deseáis esforzaros hoy, a cambio de lo que vais a consumir en el futuro. Este riesgo de error aumenta cuando disfrutáis una subvención familiar que en muchos casos desaparecerá en el futuro.

    Otro riesgo consiste en que confiéis en tener éxito aplicando en el trabajo las tácticas de monopolistas que muchos habéis venido aplicando en el ámbito familiar. Vuestra posición en el mercado de trabajo es fuerte hoy, por el auge económico, pero mucho menos que en la familia, pues compiten no sólo entre sí, sino con un creciente número de titulados extranjeros, cuyo mismo origen proporciona valiosas señales para las empresas contratantes. Por no hablar de que el auge económico puede ser pasajero, de que las empresas compiten globalmente, y de que el capital es, más que nunca, móvil.

    Mis disculpas por el tono un tanto paternalista del comentario. Espero que os ayude a mejorar vuestras decisiones en un período crucial de vuestras vidas. Mucha suerte.

  30. Formación con poca o nula retribución

    Muchos de nosotros no sabemos valorar lo que tenemos, somos una generación de conformistas, mimados y comodones. Esto se traduce en no querer puestos de trabajo que comporten responsabilidad, horas de sacrificio y mucho menos, que estas horas no sean bien retribuidas. Si a eso le añadimos que cada vez queremos tener más horas de ocio, ¿qué futuro nos depara? Quizá sea por eso que la gran mayoría de los estudiantes de la UPF quiera acabar trabajando en “la Caixa” y no en puestos de mayor esfuerzo y dedicación.

    Me gustaría iniciar un pequeño debate: ¿Estamos dispuestos a recibir formación de grandes empresas multinacionales por poca retribución? Yo personalmente no estudio economía para acabar en una ventanilla de un banco (con todos mis respetos). Prefiero que la universidad me dé los conceptos teórico-técnicos que necesito para desarrollar mi carrera profesional. Por ello, estaría dispuesto a renunciar a horas de ocio e ingresos si mi primer trabajo me aportase la formación que necesito para iniciar una buena carrera profesional.

  31. El arte de gozar sin trabajar

    El ensayo “cachorros” confirma mis sospechas acerca de nuestra generación; somos hedonistas, materialistas y solo sabemos disfrutar. El “homo sapiens” se ha ido diluyendo cada vez más en un flojo bachillerato hasta dar paso al “homo ludens” que la mayoría de nosotros llevamos dentro. La universidad ha sido su mejor campo de cultivo, por su poca exigencia y adaptación al mundo laboral. Hablar de “trabajar en una empresa” o mencionar casos de empresas en las explicaciones teóricas parece haber sido un tabú para los profesores. El mundo del “estudio” entendido como aprobar los exámenes ha sido nuestra finalidad.

    Este “homo ludens” no ha salido, afortunadamente en todos los jóvenes, en parte por la falta de medios, sino en los jóvenes “pijos” que nunca hemos tenido contacto con el mundo laboral más que en alguna serie de TV tipo “Hospital Central”, en la que que hasta nos ha parecido divertido. Nosotros no ansiamos trabajar porque en el momento que trabajemos perderemos mucho. Cuando se acerca la realidad, el final de “la carrera” no queremos salir de la incubadora. Nos pesa en nuestro subconsciente aunque nos autoengañemos pensando que estamos preparados porque “He hecho la carrera en la Pompeu”. Pero a la hora de la verdad, rechazamos oportunidades ambiciosas poniendo mil y una excusas. Para la mayoría de trabajos decimos que no nos aportan ninguna gratificación, pensamos que no nos van, buscamos algo que nos gratifique. ¿Gratifique? ¿Que es lo que realmente nos “gratifica”? Pues consumir. Consumir es rápido, placentero y significa éxito. Podemos creer que en el trabajo nos recompensarán, pero cuando vemos cual será nuestro primer empleo nos percatamos de que con la recompensa no podremos aspirar a lo que hemos tenido hasta ahora: nuestra rápida gratificación, por lo tanto estamos mejor como ahora, y cada vez mas aversos al trabajo.

    Con todo esto quiero decir que una vez lo has tenido todo y has sido el número uno, sirva para empresas, países, partidos políticos y generaciones…, es difícil que no te pasen delante los otos que te siguen. Pero en el caso de los jóvenes titulados, como ostentamos el monopolio en el país, las empresas tienen dos vías: o se adaptan a nuestras exigencias o marchan del país y nos dejan caer en el abismo.

  32. Qué deben hacer las auditoras

    Las auditoras podrían mejorar su oferta, y no sólo subiendo el sueldo. En otros países europeos, atraen a los mejores recién licenciados con programas tipo trainee, con itinerarios de 2 ó 3 años en los que se compagina el trabajo con formación teórica, rotación por departamentos e incluso por países. Por supuesto, entrar en uno de estos programas es duro, pero quien lo consigue disfruta de una experiencia enriquecedora que mejora sus posibilidades de ascenso en la empresa y, en caso de abandonarla, proporciona una buena señal en su currículo.

    Además, las auditoras sufren aquí un problema de marketing. Podrían ofrecer distintas propuestas para distintos perfiles de recién licenciados, aumentando su atractivo. Gracias a su tamaño pueden operar en muchos sectores, desde el sector publico a la consultoría en responsabilidad social corporativa. Sin embargo, comunican muy mal estas posibilidades a los posibles candidatos.

  33. Ventajas de trabajar en una gran consultora

    Como apuntaba Arruñada, otras empresas si que consiguen muchos candidatos ambiciosos y predispuestos: McKinsey, Boston Consulting Group, Bain & Co y otros. ¿Por qué estas firmas han desplazado a las cuatro grandes como empleadores premium? (1) Su creciente tamaño les ha dado más presencia en nuestras mentes. Han crecido y se han convertido en empleadores conocidos y deseados. Van a los campus de las mejores universidades a vender su oferta y a seleccionar entre una y dos decenas de afortunados estudiantes que cribaran a su discreción. (2) Su propuesta de valor es mucho mas clara desde el principio (niveles, funciones y MBA); pueden vender imagen de exclusividad (entre las 3 no contratan a más de 100 recién licenciados en toda España, y ofrecen movilidad geográfica y sectorial casi ilimitada. (3) Su polivalencia, con la que te asegura que si lo deseas tocarás casi cualquier área de la empresa. (4) El sueldo. Alrededor de un 40% mayor (para empezar). (5) Los horarios no son más largos.

  34. El futuro de los mimados

    Me gustaría recuperar una de las dudas que propone Arruñada al final de su texto, concretamente la que hace referencia a las consecuencias. Antes que nada creo que hay que asumir que todos –o casi todos- los estudiantes quieren trabajar, lo que les da un gran poder a las empresas ya que son las que ofrecen los puestos de trabajo. Por otro lado, podemos considerar que siempre habrá gente dispuesta a hacer un trabajo, por más que otros lo consideren “esclavista”, que exige mucho sacrificio, demasiadas horas, que tiene un sueldo insuficiente, etc. Es por eso que no creo que las actitudes de niño mimado vayan a ser toleradas por el mundo empresarial. Además, puesto que cada vez hay más licenciados, pese al gran número de incorporaciones que realizan las empresas cada año, existe competencia entre los estudiantes. Y para entrar en determinadas empresas quizá no sea necesario ser un genio, brillante y paradigma de la excelencia; quizá baste con ser algo mejor que otros. Y si a las empresas no les gustan los niños mimados y un estudiante está dispuesto a no parecerlo ante la empresa, es evidente que tomará ventaja respecto a otros competidores por ese puesto de trabajo.

    Así pues, en el futuro a corto plazo de los jóvenes me atrevo a prever una alta probabilidad de fracaso de aquellos que puedan ser calificados de niños mimados, ya que no creo que pueda englobarse a la totalidad de los estudiantes bajo este mismo concepto. Y si el futuro a corto plazo resultara ser un fracaso para los mimados, es de esperar que a largo plazo no reaparezcan actitudes similares. Al menos no sería esperable en un contexto de gente racional que busca maximizar sus posibilidades de acceder al mundo laboral.

  35. As oportunidades de emprego têm uma causa dual

    Este problema está situado a dois níveis:

    (1) Ao nível dos próprios recém licenciados. A educação proporcionada pelo agregado familiar tem-se operado em condições de vivência pessoal e material bastante melhoradas relativamente a gerações anteriores, proporcionando à juventude condições desafogadas de vida, centradas no prazer e na satisfação quase incodicional dos respectivos desejos. As consequências deste educação revelam-se num sentimento e numa atitude pos modernista, voltada muito para o próprio ego, gerando problemas de natureza psicológica se alguma vez são contrariados e muitas vezes compensados com o recurso a álcool e drogas. Complementarmente, estes jovens têm muito elevadas as respectivas expectativas pessoais e profissionais, revelam possuir uma informação e formação exigentes e bem ajustadas a essas expectativas e, daí, a não comparência às convocatórias de emprego disponibilizadas pelas empresas que lhes pareçam prejuidicar o que consideram essencial para a continuidade do respectivo estilo de vida pessoal e início do profissional.

    (2) Ao nível das empresas. O objectivo das empresas é prestar serviços e/ou vender produtos aceites pelo mercado, satisfazendo as exigências e as preferências dos clientes que formam o seu mercado real e potencial, de forma a assegurar crescimento com lucros. As condições em que são oferecidas as oportunidades de emprego parecem-me desajustadas do conteúdo daquelas exigências e características, tanto ao nível de funções como ao nível de remunerações. Por outro lado, nem todos poderão ter lugar nas melhores empresas, especialmente as alta consultoria, razão pela qual existe alguma inelasticidade das empresas ao posicionarem-se no mercado de trabalho como oferentes em condições que não fiderem muito das que vigoraram há anos ou, em alguns casos, há dezenas de anos.

  36. Por qué no las grandes auditoras

    ¿De verdad los responsables de RRHH de las cuatro grandes auditoras se sorprenden de tener problemas para encontrar y retener empleados cualificados, fieles y altamente motivados? A mí me sorprende su sorpresa. No se han dado cuenta de que, en gran medida, son ángeles caídos del olimpo de los mejores empleadores. En sus primeros años, auditaban a grandes empresas extranjeras que se establecían en España. Estas empresas ofrecían a sus empleados locales una alta retribución, un enriquecedor currículo y una exclusividad y distinción que se ha venido a menos. Estas firmas reaccionaron a la obligatoriedad de la auditoría creciendo hasta convertirse en grupos de varios miles de personas, auténticos mastodontes de servicios profesionales. Hoy en día sus propuestas laborales son antiguas, pesadas y han perdido glamour.

    Nosotros los cachorros difícilmente creeremos que una firma que busca 100 recién licenciados sólo en Barcelona nos va a aportar exclusividad y elitismo en nuestro currículo (multipliquemos eso por 4 grandes y otras tantas pequeñas y obtendremos las necesidades de cachorros en este mundo de la auditoría sólo en el área de Barcelona). En consecuencia, su mensaje de “un gran sacrificio en horas os hará ser parte de la elite empresarial” es, cuando menos, dudoso. Estas firmas han reaccionado a su creciente necesidad de mano de obra demandando estudiantes con criterios menos exigentes, no tanto en el currículo (que también) sino en la vocación. Estoy cansado de hablar con estudiantes que entran en estas empresas porque creen que les van a servir para obtener una visión de la empresa aunque tienen claro que la contabilidad no es lo suyo. ¿Cuánto durarán allí dentro? Creo que lo suficiente para saber lo duro que es trabajar hasta la una de la mañana en algo que no te gusta.

    Si el trabajo no les gusta, ¿por qué lo escogen? La primera razón porque es fácil entrar. La segunda, porque alguien que, posiblemente, estaba igual de perdido, lo aconsejó para empezar y ganar algo de experiencia (y es que la falta de experiencia suele ser nombrada como el talón de Aquiles de los recién licenciados de la UPF). También es cierto que a quien le gusta la contabilidad estas auditoras le ofrecen una buena propuesta para su carrera. Seguramente, cualquier apasionado de la contabilidad seguirá en la empresa, progresará y alcanzará la retribución diferida. La consecuencia de su tamaño, su pesadez, es que las cuatro grandes actúan como centrifugadoras de recién licenciados. Los atraen y los recién licenciados salen despedidos conforme la “máquina” coge velocidad. Estos recién licenciados van desperdigándose por sus clientes, empresas afines y el resto del mercado laboral. Sólo se quedan y progresan los más atraídos por el mundo de la auditoría.

  37. Similitudes con México

    Ahora los hijos son un bien de ocio (no de consumo) y ya no un seguro para el futuro. Esto explicaría que los padres no quieren problemas con los hijos, sólo quieren divertirse y son ellos entonces los culpables de que los hijos obtengan satisfacción inmediata y no sepan esperar. Con mis hijos lo más difícil para mí es enseñarles eso, la paciencia. Las escuelas poco pueden hacer ya que los padres no las van a apoyar. Mafessoli nos dice que ya no estamos en la era post industrial sino en otra en la que los movimientos y las acciones son “lúdicas e imaginales”. Por ello las decisiones no se toman de acuerdo a ninguna racionalidad que no tenga que ver con ese jugueteo.

    Los directivos de Colgate y Procter me dicen que los mejores alumnos que contratan son los que estudiaron su carrera en una ciudad distinta a la que viven sus padres. Dicen que ellos estan más dispuestos a hacer sacrificios y trabajar mucho más. Por la situación geográfica de la universidad donde me encuentro, tenemos muchos de esos alumnos (60%) y en promedio sí son mejores que los locales. Eso sí, cuando alguno de los que vienen de fuera revienta, revienta con mucha más luz y sonido que los locales.

  38. ¿Qué pueden hacer los políticos?

    Nuestros representantes políticos llevan décadas declarando que es prioritario invertir en capital humano. Sin embargo, sus decisiones desincentivan notablemente dicha inversión. Por un lado, favorecen constantemente las conductas juveniles más frívolas, como la tolerancia y hasta aplauso al nuevo gamberrismo de clase alta —entiéndase “okupas” y afines—, o las leyes sobre cuya base los jueces sentencian a algunos padres a pagar asignaciones a sus hijos de 30 años. Por no hablar del carné que define como joven, y premia con todo tipo de privilegios, a todo menor de 35 años, definición que CiU propuso recientemente extender a los menores de 40 (edad que converge y une peligrosamente a la de jubilación anticipada). O de la preocupación que sienten nuestros políticos por facilitar el acceso de estos “jóvenes” a la vivienda, en un momento en que la baratura de las hipotecas aún compensa el mayor precio de los pisos respecto a la situación de, por ejemplo, los años ochenta y primeros noventa del pasado siglo.

    Por otro lado, los políticos podrían fácilmente cambiar las reglas fiscales para hacer más atractiva la remuneración diferida, el incentivo esencial para animar la inversión en capital humano. Hoy por hoy, esta remuneración diferida sufre el impacto de unos tipos impositivos sobre la renta que, no tanto por su progresividad sino por aplicarse ésta a niveles medios de ingresos, gravan sustancialmente el diferimiento de remuneración a partir de niveles profesionales relativamente bajos. ¿Para qué invertir en capital humano a los 30 años de edad si al llegar a los 50 Hacienda se lleva casi la mitad del rendimiento? Se podría pensar que los veinteañeros no se fijan en estos asuntos, y quizá sea cierto. Sin embargo, sí se fijan en el nivel de vida de unos u otros profesionales, y ese nivel de vida fácil de observar sí se ve afectado por la estructura fiscal. Por lo tanto sí tiene un efecto en sus decisiones.

  39. El impacto negativo de las nuevas tecnologías

    Las nuevas tecnologías también ayudan a explicar el actual ensimismamiento de la juventud. La sociedad de la información y de las tecnologías ha supuesto una revolución cultural y sociológica de unas dimensiones que aún desconocemos. Los jovenes de hoy en día vivimos a caballo entre dos generaciones que ni se reconocerán, a saber: la de nuestros padres, sin apenas conocimiento del mundo de las nuevas tecnologías, y nuestros hijos, que vivirán conforme a las tecnologías y no con la ayuda de ellas.

    Nuestra generación, por desgracia, no está bien adaptada a las nuevas tecnologías. El hecho de que nuestros padres no las conocieran antes que nosotros no les ha permitido enseñarnos a utilizarlas. Evidentemente, la escuela, con sus problemas internos – el tema de las políticas sobre educación en Catalunya desde luego merecería un artículo aparte- tampoco lo ha hecho.

    Las nuevas tecnologías – Internet, móvil, etc.- nos han hecho la vida más fácil. Podemos afirmar, sin duda alguna, que han reducido sensiblemente los costes de transacción y facilitado la transmisión de la información. La productividad –o, al menos, la productividad potencial- también ha aumentado. Sin embargo, una mala utilización de unos recursos tan valiosos nos ha llevado al acomodamiento, a la trivialización de las fuentes, a pérdidas de tiempo ingentes por el exceso de información.

    Tener al alcance de la mano y sin coste marginal alguno herramientas tan potentes como Internet nos ha llevado a creer que todo lo que necesitamos está al alcance de nuestras manos, sin necesidad de esfuerzo alguno. Además, la sobreinformación se ha convertido en un mal endémico de la sociedad actual, la falta de contrastación de fuentes nos convierte en simples trituradoras de información.

    La importancia de todo ello la vemos en muchas actitudes de los jovenes hoy en día. El googling se ha convertido en el pan de cada día. De la misma manera que la comida rápida ha destruido los hábitos alimenticios de muchas generaciones, Internet, los móviles y las videoconsolas han destruido una estructura social basada en el esfuerzo y la dedicación de mucho tiempo a cualquier tarea. Ahora lo que apremia es el “rápido, bonito y barato, que tengo mejores cosas que hacer”. De esta manera, esta nueva cultura de la información nos ha convertido en personas más vagas y con menos iniciativa, por lo que preferimos muchas veces hacer lo más fácil en vez de lo más racional.

    Por suerte, en nuestras manos está cambiar esta situación, dándole a las nuevas tecnologías la utilidad que debieren. Si no lo hacemos a tiempo, nuestros hijos también sufrirán las mismas consecuencias.

  40. Querer es poder… pero sólo quererlo ya cuesta

    En el primer año, un auditor ganará unos 22.000€ anuales. En empresas de gran consumo, consultoras o despachos de abogados, un recién licenciado cobrará desde 26.000€ hasta un poco más de 30.000€. Estas diferencias retributivas crecen con el tiempo, dando lugar una diferencia en valor presente considerable. Las condiciones no pecuniarias (horas trabajadas, formación, posibilidad de promoción, etc.) en ningún caso son mejores en las auditoras. Si se me permite el supuesto de que la gran mayoría de los estudiantes de la Pompeu Fabra puede, por aptitudes y formación, optar a cualquiera de los trabajos que he mencionado, ¿por qué las empresas auditoras siguen siendo el principal objetivo de los recién licenciados? ¿Qué probabilidad hay de no conseguir un trabajo en una auditora? En cambio, ¿qué probabilidad hay de no conseguirlo en una empresa consultora o de gran consumo? Sin ninguna duda, el camino es más arriesgado en el segundo caso. Quizá esto explique por qué tanta gente busque sólo empresas de auditoría y rechace intentar conseguir un trabajo mejor en muchos aspectos. Siguiendo el hilo de Marta Serra, un trabajo tranquilo -en el sentido de acceso fácil- puede implicar muchas horas y dureza, pero esto es algo de lo que no podemos percatarnos en primera persona hasta encontrarnos en el empleo. En cambio sí que somos conscientes de los costes de buscar un empleo mejor: los rechazos, preguntarnos -nos guste la respuesta o no- a qué trabajo podemos aspirar, la preparación del proceso, cuestionarnos sobre nuestra responsabilidad, etc.

    La universidad debe cambiar los valores que transmite a los estudiantes, más allá de la exigencia académica. ¿Somos los estudiantes de la UPF conscientes de la posición relativa que ocupamos entre todos los licenciados de España? ¿Los profesores transmiten el valor de la ambición? ¿Qué reputación tiene la ambición entre los estudiantes? ¿Y entre los profesores? En la universidad, ¿en qué ha quedado el prestigio de tener un buen empleo? Y los estudiantes deberíamos ser más activos y no delegar exclusivamente en la universidad el proceso de búsqueda de empleo. No podemos conformarnos con la información y oportunidades que ofrece la oficina de inserción laboral. Tenemos que asumir que existe la posibilidad de ser rechazados en muchos empleos. Tenemos que ser conscientes que hay vida más allá de las cuatro grandes auditoras y que otros trabajos pueden satisfacer mejor nuestras preferencias (evitando de esta forma deserciones después de un año escaso de trabajo). De no aplicar soluciones en esta dirección, creo que estudiantes no mejor preparados que nosotros (ESADE, etc.) conseguirán mejores trabajos por el simple hecho de llegar a las entrevistas de empleo con una decisión más madura y realista sobre la realidad laboral y sus costes.

  41. Consecuencias

    Si la hipótesis de mala educación fuese cierta los primeros en actuar deberíamos ser nosotros ya que es nuestro futuro el que está en juego. Deberíamos reflexionar sobre nuestra actitud hacia el mercado laboral y aprender el significado de posponer gratificación, ya que la paciencia no es nuestra mejor virtud.

    Las empresas también deberían plantearse que, si pagasen a más de cuatro euros la hora de prácticas, quizá hubiesen más estudiantes dispuestos a hacer esta inversión inicial. No estamos hablando de que tengan que pagar un sueldo exorbitante ya que están impartiendo una formación, pero en un centro comercial te pagan unos doscientos euros más que en muchas prácticas por las mismas horas de trabajo. Posponer la gratificación está bien pero también tenemos gastos en el presente.

    También los políticos tendrían que ofrecer una mayor calidad en la educación pública, porque ésta da pena; menos reformas para que la gente apruebe y más exigencia.
    Los padres también juegan un papel importante, tendrían que evitar el exceso de proteccionismo y permitir que nos equivoquemos ya que las lecciones aprendidas gradualmente se asimilan mejor que si te las encuentras de golpe cuanto tienes que empezar a valerte por ti mismo.

    Finalmente en la universidad además de enseñarnos los programas de las asignaturas tendrían que prepararnos para la vida laboral, los conceptos están en los libros, si nos tratan como nos trataban en el colegio o nos tratan en casa difícilmente saldremos preparados y se nos podrá considerar buenos profesionales.

  42. La era del consumo

    Según mi experiencia de demandante de empleo, he sufrido bastantes de los procesos de selección, tanto de auditoras (PWC, KPMG, Deloitte, E&Y) como de alguna consultora. He compartido esta experiencia con bastantes futuros licenciados, por lo que no estoy de acuerdo con que no reciban solicitudes de empleo, lo que sí es cierto, es que la gente se rinde antes.

    El problema aparece cuando accedes a un trabajo sin saber qué nivel de esfuerzo requiere. Parece que las auditoras se peleen entre ellas por tener a novatos en sus plantillas. Yo he escogido basándome en criterios de prestigio de la firma y posibles promociones, pero lo curioso es que todo el mundo conoce a alguien que trabajó allí y que lo explotaban, que llamaba por las noches llorando a sus amigos porque no aguantaba más, o sencillamente que lo dejó porque le mandaron a hacer fotocopias y él no había estudiado una carrera para eso. Este poco aguante creo que se debe en parte al carácter de la mayoría de los jóvenes universitarios de mi generación y al hecho de salir de una burbuja donde nuestros padres nos mimaban para darnos de bruces con una realidad que nada tiene que ver con la experiencia adquirida en nuestros años de estudiantes.

    El quererlo todo ahora también es una constante de la sociedad actual, ocurre a todos lo niveles. Por un lado, muchos jóvenes no están dispuestos a estudiar una carrera porque equivale a menos años ganando dinero. Por otro, hay licenciados que escogen trabajos viendo lo que cobran hoy sin pensar en lo que les aportará mañana la empresa en cuestión. Pero también familias que no llegan a final de mes porque prefieren un televisor panorámico. La lista es infinita, y refleja que vivimos en la era del consumo. La publicidad nos bombardea con productos que hasta ahora eran innecesarios y que actualmente son vitales para tener una vida plena; despierta así en nosotros el ansia de gastar para sentirnos parte de la sociedad, por lo que necesitamos ganar más dinero hoy para permitirnos esos lujos.

    Coincido plenamente con que la educación es determinante y esencial. Afortunadamente, mi mis padres me han educado con principios que echo en falta en algunos de mis contemporáneos. En mi casa siempre me han dicho que la única manera de demostrar que eres alguien es con el fruto de tu trabajo. Has de sacrificarte para que en el futuro puedas relajarte. Yo sé lo duro que han trabajado mis padres para que yo pueda tener una carrera universitaria, y si me relajara ahora y rechazara un empleo porque requiere mucho de mi parte, sentiría que los estoy decepcionando, a ellos, y a mi misma, ya que he crecido en base a unos principios donde se premia el trabajo y se castiga la gandulería.

    Espero que este post sirva para el lector no pierda la fe en los jóvenes de hoy en día, ni la confianza en los padres y docentes de ayer.

  43. La incertidumbre del futuro

    Interesante artículo con opiniones muy dispares y no por ello erróneas. Habla de varias teorías que pueden explicar la falta de actitud, de “hambre” que presumiblemente tenemos los jóvenes para desarrollarnos en el trabajo. Ciertamente es una “confusión” en toda regla dado que el mercado laboral ha cambiado mucho en pocas décadas ( incremento de licenciados, sin ir más lejos), que , como norma básica de economía, ha hecho aumentar la oferta de mano de obra, produciéndose así un efecto muy curioso pero quizás un poco incomprensible ( dependiendo la óptica con la que se mire) como es el hecho de cumplir una serie de requisitos ( a menudo interminables ) para ocupar un lugar de trabajo ( idiomas, brillante expediente, capacidades personales…) que llevan al descalabro y al desincentivo en cuanto se da uno cuenta de lo que va a percibir, esto es , del “intercambio” de capital humano, que muchas veces, es valorada con la visión a largo plazo.

    Una posible razón recae en el factor tiempo, cada vez más la sociedad se da cuenta de la importancia del tiempo, y es que nos guste o no, el tiempo es el activo más importante que toda persona tiene y el futuro es incierto, y como incierto que es, muchos jóvenes a lo mejor no queremos tener vínculos de trabajo ni desarrollar carreras profesionales dentro de la compañía con futuras promesas dichos desarrollos.

    Coincidimos plenamente en que los jóvenes, aunque seamos o no hijos únicos, somos unos mimados consentidos. La sociedad de consumo y el quererlo todo al mismo momento nos hace (voluntariamente) tener una serie de bienes que en generaciones anteriores era impensable (sin ir más lejos, vehículo de transporte propio). Darse cuenta que no seremos sino un número más en la empresa y aceptarlo, lleva a un estado de frustración que deriva al desincentivo. Debemos evaluarnos a nivel personal, estudiar nuestras expectativas, y pensar si realmente el camino que todo el mundo sigue es el que queremos copiar o ser ingeniosos y trazar nuestro el nuestro propio.

  44. Imperios degenerantes

    Mais, Nuno, ises casos dos que falaba o galeno británico, ¿non eran cecais vellos imperios degenerantes?

  45. Sócrates

    Recebi este email daqueles mailing lists que circulam pela web: Falando sobre conflitos de gerações, o médico inglês Ronald Gibson começou uma conferência citando quatro frases: 1) “A nossa juventude adora o luxo, é mal-educada, troça da autoridade e não tem o menor respeito pelos mais velhos. Nossos filhos hoje são verdadeiros tiranos. Eles não se levantam quando uma pessoa idosa entra, respondem a seus pais e são simplesmente maus.” 2) “Não tenho mais nenhuma esperança no futuro do nosso país se a juventude de hoje tomar o poder amanhã, porque essa juventude é insuportável, desenfreada, simplesmente horrível.” 3) “O nosso mundo atingiu o seu ponto crítico. Os filhos não ouvem mais seus pais. O fim do mundo não pode estar muito longe.” 4) “Essa juventude está estragada até o fundo do coração. Os jovens são malfeitores e preguiçosos. Eles jamais serão como a juventude de antigamente. A juventude de hoje não será capaz de manter a nossa cultura.” Após ter lido as quatro citações, ficou muito satisfeito com a aprovação que os espectadores davam às frases. Então, revelou a origem delas: A primeira é de Sócrates (470-399 a.C.) A segunda é de Hesíodo (720 a.C.) A terceira é de um sacerdote do ano 2000 a.C. E a quarta estava escrita em um vaso de argila descoberto nas ruínas da Babilónia e tem mais de 4000 anos de existência.

  46. Utilidades marginales

    Arruñada sospecha que el origen de la brecha radica en la mala educación recibida por los jóvenes, que no son capaces de posponer la gratificación en la medida en que lo requieren algunos puestos de trabajo. Probablemente sea cierto que los jóvenes de nuestra generación sean en general más propensos a equilibrar la balanza, a preferir menos consumo futuro a cambio de un mayor consumo presente. Pero, ¿por qué? ¿Qué ha sucedido para que puestos en grandes auditoras, por los que antes los recién licenciados suspiraban, ahora no sean tan deseados, incluso rechazados directamente por las nuevas hornadas de universitarios? Si damos por supuesto que las perspectivas de futuro que ofrecen las empresas son ciertas, es obvio que estos puestos ofrecen un “bienestar” futuro –salario elevado, posibilidad de acceder a puestos de responsabilidad- a cambio de un “sacrificio” presente –horarios duros, carga de trabajo importante, exigencia alta, dedicación en cuerpo y alma, stress-. Podría parecer, por tanto, muy racional el estar dispuesto a aceptar este trueque de sacrificio presente por bienestar futuro, y por simple analogía, sería irracional el no hacerlo. ¿Entonces por qué los nuevos licenciados se decantan, en su gran mayoría, por otro tipo de empleo? ¿Qué ha cambiado?

    Es probable que, con la mejora de las condiciones económicas, políticas y sociales que se han vivido en nuestro país, las preferencias hayan ido variando. Parece lógico y comprensible que el trabajo fuera absolutamente prioritario para nuestros abuelos, puesto que de él dependía la supervivencia literal de ellos y de sus familias, ocupando un plano totalmente secundario el tiempo que pudieran dedicar a la familia o a lo que hoy entendemos por ocio. Para nuestros padres, el trabajo siguió siendo muy importante, puesto que era fundamental para garantizar la satisfacción de las necesidades básicas, pero a diferencia de la época de sus padres la situación no era tan apremiante, lo que facilitó que pudieran permitirse ciertos “lujos” inimaginables para el trabajador promedio de la generación anterior, y procurando para sus hijos todo aquello que ellos no pudieron tener, especialmente a nivel material.

    Algunos padres habrán sido capaces de educar a sus hijos en los valores de la responsabilidad y el esfuerzo, pese a la posición claramente monopolística que han ocupado esos niños y niñas en familias con cada vez menos hijos. Habrá muchos otros que simplemente habrán malcriado a sus hijos tomando el camino fácil, y a la vez irresponsable, que supone el complacer todas sus demandas y antojos. Pues bien, probablemente sean hoy, algunos de esos cachorros, que fueron educados para ser responsables y esforzarse en la vida, los que siguiendo esos mismos principios no estén dispuestos a aceptar puestos de trabajo como los que ofrecen las grandes auditoras. Una posible explicación para este fenómeno sería que para ellos la utilidad marginal del dinero ha pasado a ser decreciente a partir de ciertos niveles, a los que pueden aspirar con puestos de trabajo que no resultan incompatibles con otros aspectos que les ofrecen una utilidad marginal creciente, como pueden ser el tiempo dedicado a su pareja, hijos, amigos o a la propia realización en ámbitos no profesionales. Por otra parte, es poco probable que uno de los cachorros malcriados esté dispuesto, después de años de confort y privilegios seguramente poco valorados, a ocupar un puesto de trabajo en una auditora o similar. Una posible solución, a fin de reducir la mencionada brecha, sería que los puestos de trabajo ofrecidos por las empresas que se encuentran con problemas a la hora de reclutar trabajadores no concentraran la contraprestación del trabajo en el aspecto monetario puro y duro, si no que apostaran por modelos de retribución que combinasen el salario “tradicional” con otros tipos de compensaciones, más acordes con las preferencias de los potenciales candidatos, como podrían ser: Horarios flexibles de entrada y salida, servicios de guardería y demás prestaciones que pudieran contribuir a alinear las preferencias de los trabajadores con los intereses de los empresarios.

  47. La via fácil

    Las quejas sobre la actitud de los jóvenes no se limitan tan solo a los españoles. En Tilburg (Holanda), los profesores se quejan de la poca dedicación de los jóvenes a sus estudios: hacen lo mínimo durante la carrera – sin reparar en las consecuencias para el futuro-. De todas formas, un detalle: aquí la diferencia entre los estudiantes que cursan económicas o ‘business’ en inglés y los que lo hacen en holandés es considerable. Los que cursan sus estudios en inglés, la mitad o más extranjeros (muchos de ellos chinos), son bastante más dedicados y exigentes con los profesores! Aquí, por lo que me cuentan, los estudiantes se comunican más con los profesores, sobretodo expresando sus quejas. En parte porque les tienen menos respeto. Me sorprende tambien leer que la gente realmente prefiere un trabajo más ‘traquilo’, ligero, etc. Realmente, ¿han pensado en las consecuencias? De verdad se plantean un trabajo ‘ligero’ al que dedicarse desde los 25 hasta los 65 aprox.? Posiblemente, optar por un trabajo más tranquilo es lo más facil y menos costoso a nivel cognitivo. Así uno se evita plantearse y contestar a preguntas del estilo, ¿qué tipo de carrera profesional quiero? o ¿por qué me merezco este trabajo? El optar por un trabajo ligero también evita experimentar fracasos a corto plazo. Un mix de ‘overconfidence’ y miopía podrían jugar un papel importante en las decisiones laborales de los jóvenes. Aprender ‘to delay grafication’, como dice Manuel Bagues, puede ser, por lo tanto, muy importante.

  48. La responsabilidad de los educadores

    Estoy de acuerdo en que los educadores también somos responsables: deberíamos elevar la exigencia académica. No es fácil, puesto que, al igual que los padres, estamos atrapados en un equilibrio colectivo deficiente, en el que pocos exigen lo que casi todos consideran necesario. Hay también causas más concretas. Por ejemplo, elevar los estándares es inviable en la universidad mientras existan decenas de facultades con más profesores que alumnos. Máxime en aquellas autonomías que miden el éxito escolar y reparten presupuestos considerando el número de titulados “producidos”, y que consideran un mérito el que éstos hayan hecho la carrera en cuatro años, sin pararse a controlar por la formación que han recibido. En tales casos, no es de extrañar que los cargos académicos presionen a los profesores para que bajen aún más sus niveles de exigencia. (Un ejemplo).

    Las reformas han de venir de fuera del sistema. De entrada, conviene entender que en la universidad española, lejos de faltar, sobran recursos. Lo que se necesita es reasignarlos: una reconversión, en suma. Si se han reconvertido otros sectores como el naval, el textil o el minero, también debería ser posible en el universitario.

    El que esté nuestra universidad esté masificada y sea accesible a todo el mundo, lejos de ser un logro social, es un enorme engaño. Pasar por la universidad aumenta la productividad y no proporciona una señal creíble de calidad. España es de los países de la OCDE en que estudiar en la universidad menos aumenta los ingresos y donde más se ha deteriorado entre 1997 y 2004 la prima de ingresos por estudios universitarios. Este déficit en el valor que añade nuestra universidad es lógico: no sólo entran en ella estudiantes que no lo merecen, sino que la mayoría de ellos acaban obteniendo el título, por muy poco esfuerzo que hagan. En consecuencia, la universidad ni enseña a los estudiantes ni distingue a los mejores. Tan sólo sirve como aparcamiento y fábrica de frustraciones. Y además ha perdido la poca eficacia que algún día tuvo como escalera de movilidad social, ya que las elites tienen más fácil que nunca perpetuarse comprando buena educación. Y no sólo las elites económicas: las elites intelectuales que controlan el propio sistema educativo lo tenemos muy fácil, como “enterados” que somos, para explotar gratis y en beneficio propio los pocos rincones de calidad de todo el sistema.

    Un modesto primer paso, sencillo pero quizá eficaz, sería proporcionar información para la toma de decisiones de empresas, padres y jóvenes. Por ejemplo, a las empresas les ayudaría conocer el ranking que ocupan los estudiantes en su promoción. Similarmente, a los jóvenes les ayudaría saber, cómo se colocan y cuánto ganan los titulados de distintas carreras y universidades; y, antes de entrar en la universidad, qué tasas de fracaso escolar tiene cada centro. (Bien entendido que el fracaso, el porcentaje de estudiantes que no termina la carrera, ha de entenderse hoy como un signo de que el centro aún mantiene un mínimo estándar de exigencia). Una vez sepan las diferencias que existen, quizá empiecen a exigir que la Administración les devuelva su derecho a elegir, de modo que ese derecho esté al alcance de todos los ciudadanos, y no sólo de los pocos privilegiados que hoy pueden permitírselo.

  49. ¿Donde están los incentivos?

    Volviendo al debate planteado por Lourdes, seguimos pensando que muchos de estos argumentos están influenciados por estereotipos. Los jóvenes de hoy en día son conocidos por no querer esforzarse, por no valorar lo que tienen y por vivir a expensas del esfuerzo de sus padres. Aún así, toda generalización nunca abarca la totalidad de la muestra que se estudia. Ciertamente, los jóvenes de hoy tienen muchas más posibilidades que los de antaño, pero esto no justifica que nuestros antepasados no hubieran hecho lo mismo si hubiesen disfrutado de esta libertad de elección. ¿Ha habido realmente cambio de comportamiento, o de situación? El esfuerzo de hoy no garantiza unos resultados mañana, y esto desincentiva a posponer la gratificación. Empresas como las grandes auditoras, deben dar garantías de que la plena dedicación del joven trabajador de hoy y de su especialización revertirá en mayores ingresos en el futuro. ¿Cuánta gente se queda a las puertas? ¿Cuánta gente se pasa años haciendo fotocopias para ascender en la estructura piramidal de la empresa y se queda en el camino? ¿Por qué es mejor empezar tan bajo e ir subiendo poco a poco? ¿No podría ser mejor tener un empleo estable desde los 23 años? [Gr 6]

  50. Buscando las raíces del problema

    La universidad también juega un papel importante en la educación del adolescente. ¿Es que no dedica éste 4 o 5 años de su vida en un mismo recinto, pasando casi más horas en la universidad que en su propia casa? Evidentemente, los padres y la familia en general son influencia directa en la educación de los “cachorros”, pero a la universidad le corresponde cierta responsabilidad también a la hora de educarles y guiarles antes de que se introduzcan en el mercado laboral.

    Personalmente creo que, hoy en día, las opciones de trabajo se basan en gran medida, aparte de las características propias de cada individuo, en fijarse de qué universidad provienen los titulados. Adaptando el refrán: “Dime dónde has estudiado, y te diré lo que sabes”.

    En sentido directo, advierte de la gran influencia que ejercen las buenas o malas compañías sobre el comportamiento de las personas (padres y familia); y en un sentido más general, y donde quiero hacer hincapié, dice que de los lugares y amistades que frecuenta una persona es posible deducir sus gustos y aficiones (amigos y universidad). Por tanto, no sabemos exactamente hacia dónde podrá ir la universidad en el futuro; pero deberíamos conocer con seguridad hacia dónde convendría que fuese y desarrollar los instrumentos, la inspiración, la voluntad y el espíritu de lucha necesarios para conducirla a un sitio en concreto. Ésta se debería plantear; ¿Cómo una universidad puede hacer más preparados a sus estudiantes?

    Lo que se intenta demostrar es que, como herramienta de enseñanza, la universidad tiene poder y responsabilidades sobre los estudiantes para mejorar su incorporación laboral. Tiene competencias; es más, es su deber el hacernos competitivos, ambiciosos, y los mejores de nuestra especialidad. Se podría decir que, en cierta manera, se debería sentir tanto culpable de nuestro fracaso laboral, como orgullosa de nuestro éxito profesional. Dicho esto, la universidad debería combinar trabajos a tiempo parcial con la enseñanza. Esto podría mejorar la motivación y los niveles de estudios de los jóvenes, a la vez que les permitiría adquirir una valiosa experiencia laboral. De esta forma, ellos valorarían mejor “lo que vale un peine”, y no entrarían en el mercado laboral tan desorientados y faltos de conocimientos prácticos.

    Los sistemas educativos desempeñan un papel esencial en la preparación de los jóvenes para el mercado del trabajo. Desarrollar sus aptitudes laborales es clave para garantizar su transición con éxito al mercado del trabajo y su acceso a puestos que les permitan desarrollar una carrera profesional. Es necesario que los jóvenes adquieran las capacidades, conocimientos y actitudes que les permitirán encontrar trabajo y hacer frente a los inesperados cambios del mercado del trabajo a lo largo de sus respectivas vidas profesionales.

  51. Hot topic!

    Desde luego el tema es relevante. Tanto que incluso fue mencionado por uno de los candidatos a las primarias americanas en el reciente debate de la CNN.

    Por desgracia recuerdo bien la frase pero no su autor (ni siquiera si fue en el debate entre los candidatos demócratas o en el de los republicanos). Un candidato insistió en la importancia de que el sistema educativo consiga enseñar a los jóvenes a aprender “to delay gratification”.

    Desconozco el contexto político, pero sospecho que para que un tema así haya sido tratado en un debate electoral televisivo en prime time debe de ser algo que preocupa mucho al otro lado del Atlántico.

  52. Coste de búsqueda e inconsistencia temporal

    Para entender nuestra toma de decisiones, primero tenemos que diferenciar los distintos tipos de salidas que tenemos, ver que combinación de coste de solicitar trabajo, sueldo y tiempo libre nos ofrecen, y ver como tomamos decisiones en base a estas variables. Aspirar a ciertos puestos puede conllevar un coste que no todos los cachorros estamos dispuestos a pagar. Mas allá de este razonamiento, pensamos que otra de las razones para el rechazo de los trabajos de retribución diferida es la creencia de que no podremos mantener el nivel de dedicación necesario para progresar en estos puestos durante el tiempo necesario para obtener dicha retribución diferida.

    El coste de solicitar trabajo. Según nuestra experiencia, para un estudiante de la UPF las probabilidades de entrar en una de las cuatro grandes auditoras son en estos momentos muy altas. Estas empresas se caracterizan por ofrecer retribución diferida. Esta oferta se ve complementada por muchas otras empresas donde la retribución es más alta y las condiciones laborales (no salariales) son similares, si no mejores (gran consumo, consultoras medianas). Sin embargo la probabilidad de acceder a estos trabajos es menor. Decantarse por el segundo tipo de empresas conlleva competir por unos puestos escasos. Y competir es costoso: costes emocionales de los rechazos, costes de búsqueda, costes de preparación, costes de decisión, etc. Si las premisas del profesor Arruñada son ciertas, la poca habituación de los jóvenes a la competencia y a la frustración causará que los recién licenciados se dirijan preferentemente a las empresas con mayor probabilidad de entrar. Sin embargo lo que ofrecen estas empresas no es acorde con las pautas de consumo y ocio de los jóvenes de hoy, mientras que las pautas del segundo grupo de empresas se acercan más a nuestras preferencias. ¿Acaso tienen Deloitte o Ernst & Young la misma rotación que Danone o Unilever?

    Inconsistencia temporal. Respecto a la inconsistencia temporal de nuestras preferencias, no todo lo que parece inconsistente lo es realmente. Un caso concreto: Algunas de nosotras podemos aspirar, por formación y ambición, a un trabajo cualificado con retribución diferida. Sin embargo, después de un tiempo aparecen aspiraciones de carácter personal como la maternidad. Una vez nos percatamos que no será posible combinarla responsablemente con una carrera profesional competitiva, decidimos optar por trabajos con mejor retribución presente. Preferimos ganar más mientras no tengamos responsabilidades familiares. Asumiendo que no podremos recibir la futura retribución de los trabajos con retribución diferida, descontamos ya hoy este hecho.

  53. Aprende a volar

    Está comprobado que dejando elegir a los recién licenciados, una gran parte de ellos optan por no seguir invirtiendo en su futuro profesional y prefieren menos esfuerzo y más consumo presente. Dado que las empresas no han conseguido convencer a sus jóvenes trabajadores de que a pesar de no recibir un sueldo elevado en los primeros años están recibiendo una educación profesional y personal, nuestra propuesta pasa por la obligatoriedad por parte de los estudiantes universitarios de realizar prácticas en empresas.

    La carrera se alargaría un año para realizar dichas prácticas. Las empresas que contratasen a los estudiantes no les pagarían un salario para incentivarlas a contratar a jóvenes. A cambio de gozar de los servicios de un trabajador de manera gratuita, las empresas deberían formar al estudiante permitiéndole aplicar los conocimientos adquiridos en la facultad. Para ello debería existir un convenio entre las universidades y las empresas interesadas en el que se especificaran los términos del contrato y los objetivos formativos que se deberían realizar (para que no se pasasen el día haciendo fotocopias). A su vez, el desarrollo de las prácticas debería ser un requisito indispensable para la obtención del título; cosa que ya sucede en los módulos. Este modelo es provechoso para el estudiante ya que se garantiza la formación profesional que será beneficiosa para su futuro profesional. La formación de los estudiantes solucionaría su inmediatez.

  54. Ni tanto… ni tan poco

    Arruñada generaliza demasiado. Proponemos clasificar a los jóvenes en tres grupos:

    En el primero, los “niños mimados” que esperan trabajar poco y ganar mucho en un futuro sin esforzarse. Han vivido como estudiantes y viven el inicio de su carrera profesional en una burbuja, sobreprotegidos paternalmente.

    Por otra lado los “cerebritos”, estudiantes competitivos y emprendedores a los que les gusta lo que estudian y que están dispuestos a sacrificar su ocio para dedicar todo su tiempo disponible al estudio, y así alcanzar sus aspiraciones de carrera profesional.

    Por último los estudiantes que tienen como objetivo su formación para así poder optar a un mejor puesto de trabajo y para los cuales el desarrollo de su vida profesional es importante, pero no vital; es decir, están dispuestos a esforzarse pero no a permitir una sobreexplotación por parte de los empresarios. Quieren vivir para trabajar y no trabajar para vivir.

    Por lo tanto, respecto a si “los jóvenes” preferimos empleos en los que se nos exige menos dedicación de la que muchas empresas demandan es relativo, depende de tus aspiraciones y de cómo decidas adaptar tus expectativas. Puede ser que a veces nuestras expectativas sean mayores de lo que deberían pero creo que somos totalmente conscientes de que una vez incorporados en el mundo laboral todo lo conseguido habrá sido fruto de nuestro esfuerzo o sacrificio.

    Quizás esta lección la aprendemos más tarde de lo que la aprendieron nuestros padres pero las circunstancias tampoco son las mismas. Hay una cosa que no ha cambiado: una vez estás dentro del mundo laboral no tienes el apoyo de nadie, por lo tanto solo queda una opción, espabilarte, sino seremos “expulsados” del mercado por las mismas empresas, relegados a puestos inferiores donde no veremos cumplidas nuestras expectativas, o comidos por nuestros propios compañeros.

    Es destacable una ventaja respecto las generaciones anteriores: nuestra capacidad de adaptación al cambio. Hemos crecido en época de cambios, cambios políticos, económicos y sociales, como la consolidación de la democracia con la integración en la UE, la incorporación del euro o la aparición de Internet. Por lo tanto, somos flexibles, tenemos capacidad de adaptación y, una vez abandonamos la vida universitaria, no tenemos por qué comportarnos como “niños mimados”, aunque creemos que es más cierto este esteriotipo en determinados círculos, universidades y titulaciones.

    Independientemente del círculo, universidad o titulación estudiada sí que reconocemos que hemos recibido una sobreprotección respecto las generaciones anteriores. [Grupo: ONG’s]

  55. Buscamos un mejor equilibrio

    El asunto debe ser contextualizado en la época que vivimos y las circunstancias que nos rodean. A la llamada “generación Y” se nos tacha de conformistas y con poca capacidad de sacrificio como consecuencia de nuestra “mala educación”. Podemos estar de acuerdo con esta afirmación, pero la causa no es la inconsistencia intemporal ni tampoco el hecho de haber sido hijos únicos, sino la diferente concepción del valor del dinero y el tiempo libre que tenemos, en comparación con nuestros padres. Debido a la bonanza económica de los últimos años nos hemos criado en un entorno donde siempre hemos tenido cubiertas nuestras necesidades básicas, cuestión no tan extendida en generaciones anteriores. Por otra parte, el horario de oficina al que muchos de nuestros padres están sujetos, nos impide verlos la mayor parte del tiempo.

    Así pues, ahora nos falta afecto pero no dinero, hecho opuesto al que se enfrentaban nuestros padres, quienes han intentado darnos todos aquellos bienes materiales que ellos no disfrutaron. En cambio, nosotros buscamos un punto intermedio para nuestros descendientes con tal de no caer en los errores involuntarios del pasado. Esto se traduce en que pretendemos ganar el dinero suficiente para el sustento familiar pero que a la vez nos permita disfrutar de tiempo libre para compartir con la familia.

    Un buen ejemplo se puede observar cada día en las firmas auditoras, donde se da un alto porcentaje de rotación entre los recién licenciados. Por norma, estas firmas dan salarios elevados para compensar las jornadas maratonianas que exigen. Una vez dentro de la espiral de las auditoras, más dinero = más trabajo, mucha gente descubre que la retribución económica no les compensa por los argumentos antes mencionados, al valorar más estar con sus seres queridos que el tener una cuenta millonaria en el banco.

    Respecto a la aportación de Francisco Gutiérrez, relacionada con el las dificultades psicológicas de los emprendedores, no creemos que la creación de empresas se vaya a detener en los próximos años. Afirmamos esto basándonos en casos tan conocidos como Google o YouTube, empresas de nueva creación, fundadas por jóvenes empresarios y con un éxito incontestable en la actualidad. Pero, ¿estamos abocados a que otros, los extranjeros por ejemplo, sean los innovadores? Hasta la fecha, los hechos nos harían contestar afirmativamente. Ideas, como bien comenta Francisco, existen y son abundantes, pero el problema reside en el paso siguiente, en aplicarlas. Aquí es donde se observa la diferencia respecto a países como EUA y en esta comparación España sale perdiendo. Pero los motivos de estas diferencias residen más bien en que el entorno (tanto familiar como gubernamental) influye negativamente. [Grupo 8 ].

  56. ¿Qué deben hacer las empresas?

    Como dice Parrés y sus colegas del Equipo 5, las empresas deben gestionar bien la situación. Pero no basta con elevar sueldos, retocar funciones o, menos aún, bajar los estándares de exigencia. Las políticas empresariales de mera adaptación a las demandas juveniles son mucho menos benignas de lo que parecen. Las empresas competitivas que optan por la complacencia, reduciendo la exigencia de sus jóvenes empleados, están dándoles más hoy pero a cambio de darles menos mañana. Son, por tanto, consecuentes con las preferencias que muestran sus nuevos empleados por el consumo y el ocio inmediatos, pero están sacrificando su futuro profesional.

    Para atacar la raíz del problema, se precisan programas que favorezcan la madurez y el desarrollo personal. Su eje común debería ser el de ayudar a los jóvenes a mejorar la consistencia intertemporal de sus decisiones. No sólo su formación técnica es insuficiente sino, con frecuencia, su madurez personal.

    Otro aspecto mejorable es la credibilidad. Una queja de los jóvenes titulados es que la remuneración diferida es un engaño encubierto. Aunque, probablemente, estén equivocados, las empresas deben esforzarse por clarificar y hacer creíble que, durante los primeros años de trabajo, los titulados reciben una valiosa remuneración en forma de educación profesional y personal.

  57. ¿Aversión al esfuerzo?

    Estamos de acuerdo en que la dedicación actual de los jóvenes de hoy en día es inferior a la que tuvieron nuestros antecesores. Como bien comenta Arruñada, la educación juega un papel muy importante en esta falta de entrega. Javier Elzo (catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto) subraya que los estudiantes, “especialmente los de menor edad, tienen más recursos que nunca juventud alguna ha tenido, pero les falta en muchos casos (aunque afortunadamente no se pueda ni deba generalizar) lo esencial: unos padres que tengan tiempo para estar con ellos”.

    Pero quizás no todo radica en la educación de los retoños. Algo tan importante como los incentivos a esforzarse en el presente para obtener así, una retribución mayor en el futuro, no están del todo bien diseñados por parte de ciertas empresas. El problema yace en el hecho de que el trabajador prefiere esforzarse menos y cobrar lo mismo para alisar el consumo en un período de tiempo a corto/medio plazo, en vez de entrar en una firma donde le retribuirían el salario a largo plazo. ¿Son estos estudiantes aversos al esfuerzo? ¿Debemos atribuir toda la culpa a los estudiantes? ¿Por qué no captan con gran facilidad estas empresas a sus futuribles trabajadores? Puede que estas empresas no tengan el lenguaje adecuado para llegar a estos estudiantes, ya que, no es falta de racionalidad de éstos, es falta de confianza en ciertas empresas, o quizás es una falta de habilidad de dichas empresas, ya que las que han sabido transmitir el mensaje adecuado, no tienen una brecha entre demanda y oferta de trabajo.

    Podemos preguntarnos también si tendrá algo que ver la reputación en el aumento de oferentes. Una verdad absoluta es que, gran parte de los problemas laborales radican en el problema de la paciencia, virtud que es poco común en los estudiantes de hoy en día. Otra virtud menos común todavía, es el sentido común. Nos referimos a que primeramente, lo que debe hacer el estudiante, es saber cuáles son sus aspiraciones, sus límites y sus capacidades, y a partir de ahí, aspirar a puestos de trabajo aptos para sus cualidades. Otro aspecto interesante es el relacionado con la bonanza económica. Cuanto mayor es ésta, mayor es el coste de oportunidad de trabajar (esforzarse) frente a no trabajar (ser más ocioso). Aunque pueda parecer una contradicción, lo que se pretende es disfrutar del salario recibido cuanto mayor es el bienestar. Esto puede ser debido a que los estudiantes no han vivido en un contexto de crisis económica, con lo cual, no saben apreciar el dinero ganado con un gran esfuerzo, ya que esta situación no la han sufrido. (Equipo 5).

  58. ¿El estereotipo como excusa?

    Por supuesto que hay algo de estereotipado en el cliché de joven mimado y acrítico: hay muchos jóvenes que no encajan en ese cliché. Pero también es probable que el cliché nos esté informando de las características promedio, de cómo se están moviendo éstas a lo largo del tiempo. En esa medida, el estereotipo refleja una situación real. Pensar que la responsable es “la sociedad” (por cierto, una reacción muy a tono con el estereotipo) sólo nos impedirá entender la situación y encontrar soluciones.

    Dos preguntas: ¿Qué jóvenes se salen del estereotipo? ¿Por qué surge el estereotipo ahora y no hace 20 ó 30 años?

  59. Cachorros: animales peludos, ciegos y llorones

    El objetivo de este comentario no es criticar la generalización que se hace sobre nosotros, ni justificar el porqué de nuestra manera de ser. Por el contrario, intentaremos poner en relieve la importancia que estos estereotipos tienen directa e indirectamente sobre la juventud.

    En primer lugar y aunque parezca un argumento contradictorio, nos parece interesante resaltar lo “beneficiosos” que son los estereotipos a la hora de desarrollar mecanismos que nos hagan más competitivos. Quizás, prejuzgarnos y criticarnos sea una mera estrategia para distraer la atención de los verdaderos problemas que alberga la sociedad, cosa que únicamente nos hace más fuertes y capaces.

    Por otro lado, nos parece bastante paradójico que el debate se centre en lo vagos que somos, mientras el mercado laboral y el crecimiento económico continúan dando buenos resultados. Quizás las características personales de las nuevas generaciones no sean el problema a combatir, sino que simplemente formen parte de la evolución de la “personalidad” de la sociedad.

    Finalmente decir que no es extraño que la juventud de hoy en día haya sido estereotipada, a fin de cuentas ¿qué no lo está?

  60. Más sobre la cigarra y la hormiga

    No veo que las familias vayan a subvencionar menos. Cierto es que el altruismo familiar puede tener límite. Quizá sea cierto que los padres se preocupen más por su propio futuro que por garantizar o acomodar aún más el de sus retoños y acaben por restringir, que no eliminar, sus transferencias familiares. Sin embargo, en términos absolutos, seguro que reciben más estos hijos que lo que han recibido sus padres de sus abuelos. Las familias son más ricas y por lo tanto dejan más a los descendientes. Estos pueden utilizar esa capacidad de consumo heredado para compensar lo que dejarán de ganar en el futuro por haber invertido menos hoy en su capital humano. Si esto es así, los jóvenes son claramente racionales.

    Ahora bien, los dos riesgos puestos de manifiesto por Arruñada son claros. La situación económica puede complicarse notablemente y los jóvenes se pueden equivocar al calcular lo que quieren ganar mañana, o lo que es lo mismo, el esfuerzo inversor de hoy. Esto ya le pasó a la cigarra en la famosa fábula cuento la hormiga le niega la ayuda al llegar el invierno. Esta fue una dura lección para la cigarra. El mercado y la sociedad consumista también pueden dar una dura lección a nuestras generaciones más jóvenes. ¡Lo que no sería racional es que pasase después de advertirlo!

  61. Destruye el espíritu emprendedor

    ¿Qué pasará con el espíritu emprendedor de los jóvenes? Creo que una de las principales características que debe tener un emprendedor es la capacidad de sacrificio. La foto que pinta este blog sobre los jóvenes, y que también yo he percibido en mi contacto con ellos en la universidad y a nivel laboral, no presenta precisamente este ingrediente. A veces pensamos que para ser emprendedor hay que ser socialmente hábil, inteligente, estratega y visionario. Si bien considero que esto verdad, son insuficientes estas capacidades para ser emprendedor. Hay que tener capacidad de sacrificio, de posponer y de arriesgar, capacidad que se puede desarrollar, pero hay que querer desarrollarla, lo cual comienza por aceptar su entrada. El problema es que parece que esto representa una montaña que ni siquiera interesa a esta generación. Más aún, la capacidad de sacrificio es sólo un ingrediente en esa línea, otras habilidades son indispensables, como la tenacidad, el trabajo, el arrojo, la autocrítica, la honestidad con uno mismo y con los demás, y el saber aprender del fracaso. Si los jóvenes de hoy no tienen estas capacidades o no están dispuestos a desarrollarlas, ¿qué pasará con la creación de ideas y de empresas? Porque ideas buenas hay a montones, pero ejecutarlas es lo fundamental. Los emprendedores requieren mucha energía, y la energía la tenemos en mayor medida las personas cuando somos jóvenes. En realidad las personas tenemos poco tiempo para aprender lo necesario y después lanzarnos con un proyecto, porque también debemos de hacerlo cuando nuestras responsabilidades nos lo permiten. Si los jóvenes no tienen esa energía, o bien, no la quieren destinar a ese tipo de esfuerzos, ¿estamos abocados a que otros, los extranjeros por ejemplo, sean los innovadores? ¿Os sienta bien a los mejores estudiantes esta idea?

    Yo quiero creer que en cuanto los jóvenes entren al mercado laboral y se den cuenta que las cosas no son tan fáciles, y comiencen a aprender, y vean que ganarse bien la vida no es tan sencillo, se disciplinarán y caerán en la cuenta de que o espabilan por conciencia y voluntad propia, o espabilarán por necesidad. El mercado disciplina. Sin embargo, será necesario estar abiertos y alejarse de círculos que refuerzan la idea del trabajo contenido.

    Cierro esta aportación invitando a responder alguna de las preguntas, espero poder leer alguna respuesta que apoye mis esperanzas, quiero poder leer algo que me diga que sí que existe espíritu de crecimiento, y si es posible que también hay espíritu de emprendedor.

  62. ¿Qué debe hacer la familia?

    Es cierto que las transferencias intrafamiliares entran en la ecuación, como sugiere Manuel González-Díaz. Nuestro país no tiene un “estado del bienestar” sino una “familia del bienestar”. Pero, ¿hasta qué punto? y, en todo caso, ¿hasta cuándo? Por un lado, muchas familias tienen dificultades para mantener el nivel de vida de sus hijos. Lo hacen mientras viven en casa, pero ya no pueden “ponerles piso” o no sin bajar de nivel. Por otro lado, la esperanza de vida de los padres es cada vez mayor, con lo que no está claro el destino de sus herencias, sobre todo en un contexto de gastos sanitarios crecientes.

    En todo caso, pasando al plano normativo, me parece fundamental que los padres traten de educar a sus hijos en el sacrificio, en posponer la gratificación, contrariando, en la medida de lo posible, las actuales normas sociales: empezando por menos banquetes de boda para celebrar cumpleaños y primeras comuniones. Como la resistencia tiene mucho de social, pueden practicar en los primeros años de sus retoños ahorrando en gastos para señalar el estatus o en jugar a casas de muñecas, como la ropa de los más pequeños.

    En cuanto a la escuela, los padres deberían participar de forma más activa en los incipientes esfuerzos para recuperar los estándares de exigencia académica. Al menos, para evitar que los consejos de padres sigan en manos de aquellos padres con preferencias políticas más marcadas y un coste de oportunidad más bajo, lo que probablemente equivale en promedio a que domine la opinión de los padres menos trabajadores y peor formados.

    Los padres cuyos recursos les permiten el privilegio de elegir harían bien en optar por los colegios y universidades más exigentes. No necesariamente privados, pues hay buenos colegios públicos, sobre todo en los barrios más caros. Los padres que quieran buena educación han de pagarla, o bien en facturas del colegio, o bien en mayores cuotas de hipoteca. Tiene lógica en este contexto la reciente moda entre padres laicos por los colegios religiosos más tradicionales; recuerda lo que está pasando en Estados Unidos, donde muchos padres de otras creencias envían a sus hijos a colegios católicos, por ser éstos supuestamente más duros.

    Los padres deben también ayudar a los jóvenes a tomar una decisión consistente en lo que se refiere a su carrera profesional. Conviene que supriman todo tipo de subvenciones, como seguir viviendo gratis y sin siquiera ayudar en casa; o, quizá con más realismo, que condicionen las ayudas imprescindibles a la obtención de resultados. Hoy en día, el “apruebas o trabajas” define ya una exigencia mínima, pues aprobar nunca ha sido tan fácil como ahora. Una vez terminados los estudios, deben suprimir, cuanto antes, toda subvención que pueda llevar a sus hijos a elegir puestos satisfactorios a corto plazo pero que conllevan menos ingresos en el futuro.

  63. ¿Educación o familia?

    Un mes atrás, una joven a punto de terminar su licenciatura en ADE me manifestaba su alegría porque, tras ser aceptada en La Caixa, en su primer puesto le habían enviado a un pueblo y en la red comercial. La razón de su alegría era que en dicho puesto “se vive muy bien, a diferencia de las grandes oficinas de las ciudades o de los servicios centrales donde hay que trabajar todas las tardes y está muy mal visto hacer el horario de 8 a 3”. Otra joven en similares condiciones, aunque esta vez uno de los mejores expedientes de su promoción, me comentaba que no había ido a la presentación de KPMG porque no quería entrar en “ese tipo de empresas”. Consideraba que no se podía vivir en esas condiciones. Era muy reticente a meterse en una espiral de trabajo de la que sin duda es costoso salir, pero a la que es aún más difícil entrar si se pasa el tren.

    Aunque estas anécdotas indican que los jóvenes no están dispuestos a invertir en capital humano, también puede que los que tenemos esta visión estamos en el grupo de los que prefieren invertir. Quizá esta diferencia siempre ha existido. Desde la perspectiva de la generación anterior, también nosotros habríamos sido calificados de reacios a realizar el esfuerzo de invertir en capital humano.

    No obstante, quizá Arruñada tenga razón y el problema se haya acentuado recientemente. Yo también tengo esa impresión. Sin embargo, mi explicación no se centra en la educación, al menos en la reglada (ESO, bachillerato y universidad). No niego que pueda ser relevante, pero de segundo orden. Mi opinión es que la familia tiene mucha más importancia económica de la que se le ha tendido a dar. ¿Qué pasaría si en lugar de ser el “individuo” la unidad básica de decisión fuese la “familia”? Sin meterse en definiciones farragosas, la idea es que los individuos en lugar de tomar decisiones pensando que los ingresos provienen de su capacidad para generarlos, podrían tomar decisiones pensando en los ingresos de su familia (ascendientes). Esto supondría que un hijo único sabe que va a contar en el futuro con la capacidad de consumo que le proporciona la riqueza de sus padres.

    Según esto, los individuos de generaciones más jóvenes son inmensamente más ricos que los individuos de generaciones más maduras. Por una parte, existen menos hijos, con lo que cada uno toca a más. Incluso ya no se habla de problemas de división de la herencia familiar, sino de cómo unir los patrimonios familiares al existir un único heredero. Por otra parte, el crecimiento económico ha hecho que los patrimonios familiares sean cada vez más importantes, lo que prácticamente garantiza de por sí a las nuevas generaciones una vida cómoda.

    En resumen, las nuevas generaciones son racionales. No invierten tanto en capital humano para poder consumir más en el futuro porque piensan que podrán igualmente consumir gracias a las transferencias (esfuerzos) familiares.

    Sin embargo, si esta idea es cierta, existe un riesgo importante. Los jóvenes tienen unas preferencias de consumo que quizá no se puedan mantener en el futuro, lo que les obligará a reconsiderar su posición. Las últimas décadas del siglo XX en España se han vivido con la conciencia de que éramos un país pobre y que teníamos que trabajar mucho para alcanzar el nivel de Europa. Además, las generaciones de la posguerra fueron extremadamente ahorradoras, reduciendo su propensión al consumo hasta niveles insospechados hoy día. Todo esto favoreció que las generaciones precedentes empujasen a España a su posición actual. El problema es que los jóvenes actuales han desarrollado notablemente su propensión al consumo. Cada vez queremos tener mejores, pisos, coches, vacaciones, barcos, etc. Por tanto, se junta un mayor gasto con un menor ingreso, lo que claramente es poco sostenible a largo plazo ¿A qué renunciarán antes los nuevos jóvenes: a sus preferencias de consumo o a sus reticencias a trabajar duro e invertir en capital humano? Creo que a lo segundo.